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jueves, 4 de agosto de 2011

David Byrne: "Con la bicicleta toda la ciudad se vuelve tu vecindario"

Video: Sophimanía

A mediados de julio, el músico - activista - artista, escritor y líder de la famosa banda Talking Heads, David Byrne, visitó Lima para promocionar, en coordinación con la municipalidad, el uso de la bicicleta como medio de transporte, no sólo de recreación.

Las ventajas de la bicicleta son innumerables. Además de económicas, su velocidad promedio es superior a la velocidad promedio de los vehículos motorizados, ya que es "inmune" a los congestionamientos de tránsito. A la vez, la bicicleta es una excelente máquina de ejercicios aeróbicos, totalmente libre de emisiones contaminantes.

Byrne, que es un tipo sencillo, cálido y muy inteligente, presentó una ponencia basada en diversas fotografías e ilustraciones que retrababan la forma cómo los humanos hemos concebido, realizado y destruido las ciudades, pasando de ser lugares de convivencia a lugares donde los autos imponen sus necesidades de combustible y espacio sobre las necesidades de los humanos, algo completamente irracional y sin sentido.

Siempre con un humor ácido y sagaz, Byrne también tuvo tiempo para dar una vuelta por Lima en bicicleta y aceptar algunas entrevistas, una de las cuales fue a la directora de Sophimanía, Claudia Cisneros.

Acompaña esta nota el video que da cuenta de esa entrevista que se hizo en el malecón de Miraflores y donde, además de dar cuenta de sus habilidades como ciclista, Byrne habla de la bicicleta, el automóvil, su excelente libro "Diarios de bicicleta" y otros temas de interés.

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Pablo Vásquez para Sophimanía

viernes, 24 de junio de 2011

David Byrne viene a Lima a promover la bicicleta


Foto: Zanapod

El líder de Talking Heads, David Byrne, regresa a Lima para participar en "Bicicletas, ciudades y el futuro de la movilidad" foro organizado por el Proyecto Especial Metropolitano de Transporte No Motorizado de la Municipalidad de Lima.

Byrne, junto a un grupo de activistas y especialistas peruanos, reflexionarán sobre el transporte en una ciudad del siglo XXI, el próximo 19 de julio en el Centro de Convenciones "Daniel Alcides Carrión" del Colegio Médico del Perú, en Miraflores.

Durante el foro, el artista presentará su libro "Diarios de bicicleta", tal como lo vienen haciendo en otros país, como parte de su gira literaria denominada "Latin American Bike Forum Tour" que se inició en Brasil y sigue por Argentina, Chile, Perú, Ecuador, Colombia y México.

La gerente del Proyecto Especial Metropolitano de Transporte No Motorizado de la comuna limeña, Jessica Tantaleán, informó que la visita de David Byrne se da, principalmente, por las iniciativas que está implementando la ciudad capital a favor de la movilidad sostenible, especialmente en la promoción del uso de la bicicleta.

El hecho de que la Municipalidad Metropolitana de Lima ponga en marcha el programa Ciclodía en la avenida Arequipa, trabaje una normativa sobre este tema y se pongan en marcha iniciativas como la peatonalización de la avenida Diagonal en Miraflores han sido referentes importantes para que Byrne se interese en Lima, destacó.

Desde hace treinta años atrás, Byrne hace uso de la bicicleta como su medio habitual de movilidad. El artista suele viajar por el mundo para dar un concierto, grabar un disco o montar una instalación, sin dejar de incluir en su equipaje una bicicleta portátil que usa para recorrer las calles de cada ciudad que visita.


Información de la Municipalidad de Lima. Resumen de Sophimanía

jueves, 14 de abril de 2011

Increíble pero cierto: científicos reinventan la bicicleta


El efecto es 'mágico'. Foto: ABC.es

Una bicicleta común y corriente, sin ciclista, puede conseguir recorrer una distancia considerable si se producen las circunstancias adecuadas, aunque, irremediablemente, tarde o temprano, la máquina terminará en el suelo.

Para que el pequeño milagro ocurra, todas las bicis se fabrican teniendo en cuenta dos principios de la física relacionados con la estabilidad. Esta lógica se emplea prácticamente de forma universal y nunca había sido puesta en duda, pero, ¿y se tratara de una gran equivocación?

Un grupo internacional de científicos ha diseñado una bicicleta absolutamente revolucionaria, distinta a todas las demás, que puede convertirse en la base para crear el vehículo de dos ruedas del futuro.

La estructura, que tiene en cuenta un principio físico llamado balanceo de masas que es más determinante de lo que se pensaba, es capaz de autocorregirse cuando está a punto de inclinarse hacia un lado y avanzar sola de manera estable. El hallazgo sugiere que los diseños de los velocípedos del futuro todavía no han alcanzado su máximo potencial. Sus autores publican los detalles en la revista Science.

La nueva investigación, dirigida por J.D.G. Koojiman, de la Universidad de Tecnología en Delft (Holanda), no responde a ninguno de estos dos principios. Los científicos creen que, para perfeccionar una bicicleta, en lo que hay que fijarse es en lo que se conoce como balanceo de masas (Cuando un objeto está en movimiento, ese mismo movimiento dará más masa al objeto, razón por la que la velocidad es tan importante en los accidentes de tráfico).

Según los investigadores, la distribución de la masa juega un papel clave en el equilibrio de la bici. De esta forma, han construido una estructura estable y eficiente a la que han llamado patín de dos masas o TMN, que puede ser el pricipio para diseñar las bicicletas del futuro.

La máquina se distingue por tener unas ruedas muy pequeñas, como las de los carritos de supermercado. Koojiman y su equipo creen que todavía estamos muy lejos de tener la bici perfecta y que queda mucho recorrido para lograrla.

Información de ABC.es. Resumen de Sophimanía

domingo, 26 de diciembre de 2010

Ciclovía: Desequilibrios teórico imprácticos


Imagen: Modelminiatures.co.uk

Marshall McLuhan dijo "el medio es el mensaje" y alborotó el mundo académico de las ciencias sociales. No tanto creo por el contenido de la oración, a la larga abstrusa y discutible, sino por la bella limpieza de su enunciado.

En las ciencias exactas sólo Einstein había tenido la misma suerte al proponer que la energía era igual a la masa por la velocidad de la luz al cuadrado. Lo que sea que eso quiera decir. Yo sugiero, guardando las distancias, "la bicicleta es el destino".

Me explico. Al comienzo, pedalear es la condición fastidiosa para llegar a un punto. Luego el punto es el pretexto (a veces fastidioso) para pedalear un rato. La bicicleta se vuelve un fin en sí misma.

A partir de ahí siempre nos ofrecerá un territorio nuevo que explorar, aún sobre el trillado asfalto cotidiano. Un barrio personal de sorpresas y sensaciones. Uno de mis hallazgos más queridos en ese lugar, lo comparto, son ciertos equilibrios sabrosos cuya existencia me desconcierta.

Al comienzo de los tiempos de ciclista creía que el equilibrio era una religión monoteísta. Pero es poli. En las curvas de las calles habitan equilibrios desconocidos y fascinantes (así como los desequilibrios que habitan las curvas femeninas).

Son las esquinas que te obligan a inclinar la bicicleta para no perder velocidad. Llegar a un ángulo que tu instinto describe como "estamos a punto de sacarnos la mugre". Pero ahí donde la razón recomienda, la magia de la física enmienda. A despecho de Newton, la bicicleta no se cae y es capaz de volver a sustentarse con un suave movimiento de timón.

Lo inusual de este equilibrio es que se pierde la sensación de suelo, como si las ruedas sólo tocaran el aire. Uno se pone en órbita de la esquina. Dura un par de segundos, maldita sea, pero es adictivo (me remito a la experiencia de otros placeres efímeros).

"Dar" y "tomar" una curva deja de ser una opción semántica para convertirse, casi, en una opción de vida. Los ciclistas demoramos miles de kilómetros en aprender a valorar la diferencia. Pero vale la pena.

Hoy, casi cualquier pretexto es bueno para buscar esos equilibrios, aunque no siempre se logran. Exigen una dosis de riesgo y una esquina adecuada. Hay curvas perfectas, por supuesto, y el ciclista adicto las tiene bien ubicadas en su corazón. Y en su ruta.

La calle se convierte en la condición de la curva. Hay manzanas maravillosas (me las reservo para mi consumo personal) que tienen cuatro esquinas perfectas. Al descubrirlas se tiene la sensación que sufre la hormiga al caer en el azucarero. Uno puede quedar atrapado en ellas hasta el anochecer, dando vueltas una y otra vez, consumiendo curvas como loco.

En el desvarío de la sobredosis, Einstein se reconcilia con Newton y enuncian "la bicicleta es igual a la masa encefálica del ciclista, por la velocidad que lleva al dar la vuelta al cuadrado que forma la manzana de Newton".

En esos momentos se comprende claramente la teoría de la relatividad.

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Pablo Vásquez para Sophimanía

sábado, 4 de diciembre de 2010

Ciclovía: Encrucijadas paranóicas


Imagen: Internet. Edición: Sophimanía

Soy ateo y escéptico, así que a duras penas creo en la existencia de mi bicicleta, de mí mismo y un poco más allá. Sé que mi destino no lo escribe nadie, excepto yo, que ando pedealeando por la vida bajo cambiantes circunstancias. Algunas agradables, no lo niego, pero sujetas al azar.

Estoy convencido de que "el mundo espiritual" -desde la resurrección de Jesucristo hasta la neo revelación de los OVNIs- es tan solo un producto residual de la forma en que trabaja nuestro cerebro: buscando patrones y adjudicando sentidos a cualquier cosa que se interponga en su camino, incluyendo por supuesto a las bicicletas y sus acompañantes.

Me interesan los temas metafísicos, no lo niego, pero no creo que tengan más (o menos) consistencia que los sueños que nos asaltan por las noches.

Con todo, una de mis quimeras favoritas nace a partir de una deformación profesional; ese afán inconciente que tiene el sicólogo de toparse con sicóticos, el policía con ladrones, el cura con pecadores, los monógamos con tentaciones extramaritales, los ciclistas con agujeros negros. Yo, que me gano la vida escribiendo cosas inventadas, me topo con situaciones dramáticas, a veces tristes o graciosas, otras para correr de buena gana.

Ya me explico: hay ciertas circunstancias en que miro a mi alrededor y me parece que comienzo a ser víctima de la encrucijada escrita por un colega: es de noche y se sale la cadena de la catalina en el preciso momento que tengo que entregar un archivo importantísimo que fue imposible enviar por correo electrónico.

Y cuando me pongo arreglarla, un auto pasa lento, demasiado lento, por mi costado izquierdo, haciendo que un perro invisible estalle a ladrar a lo lejos. Parece que todo se confabula en dirección a un clímax que ya intuyo con un escalofrío.

Es como cuando un exceso de coincidencias nos despega de un relato, volviendo visible la armazón -el guión- que lo sustenta. Entonces me siento como un personaje ficticio en vísperas del tenso final del capítulo semanal.

Afortunadamente, mi bicicleta está ahí para ayudarme a escapar. No sólo físicamente -poniendo distancia entre nosotros y la emboscada- sino mentalmente, devolviéndome mi tranquilidad y mi confianza en que el universo no tiene más sentido que el que querramos darle aquí y ahora, según nuestro entender o nuestro capricho, si acaso hay diferencia.

Mientras pedaleo imagino, por ejemplo, que la creación de la bicicleta es el fin último del universo... O el espacio privilegiado donde los equilibrios corporales y mentales se complementan, una máquina para fabricar nirvanas... Quizás un útero para parir ángeles con ruedas en vez de alas... O más bien el mecanismo que hace girar la Tierra...

No importa el tamaño del desatino perpetrado, cual papel, la biciclieta aguanta todo, yo incluido. Y es que casi cualquier desvarío es mejor que la sensación horrible de ser un personaje escrito por otro, por un Borges supersecreto, un autor displicente que se alista a colocarme en una secuencia en la que soy diagnosticado de orate por un siquiatra encarnado por un actor de reparto, y todo para simple beneplácito de una teleaudiencia invisible pero dispuestísima a desintegrarme en unos instantes, con un enorme y remotísimo contr

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Pablo Vásquez para Sophimanía

sábado, 24 de abril de 2010

Ciclovía: Piratas en misión imposible


Los relojes y las bicicletas son primos hermanos. Ambos inventos están signados por el círculo: engranajes, ruedas, catalinas, piñones, ejes, tubos y hasta la vida del ciclista. La razón no es de capricho sino de estricta necesidad. Si no fueran circulares no podrían girar con tanta economía y eficiencia, ni marcar ciclos o cumplir revoluciones, vueltas y revueltas.

Por supuesto, cumplir ciclos es bastante más que girar, de la misma forma que conversar es más que dialogar o almorzar que alimentarse. Para cumplir un ciclo no basta regresar al punto de partida. Hay que tener la intención y el convencimiento de que en tal regreso está la clave para poder ir más allá.

Es por eso que cumplir algunos ciclos te toma media vida. Hoy, que supero la edad en que mis padres me trajeron al mundo, recuerdo mi niñez con otra claridad. Revivo mis recuerdos felices y muchos de ellos, recién colijo hoy, florecieron en circunstancias durísimas que mis padres supieron ocultarme.

Me encantaba, por ejemplo, ir con mi papá y con mi hermano, en el viejo Rambler familiar, ida y vuelta por la avenida Arequipa. Mientras mi padre manejaba el V8, mi hermano y yo cobrábamos a los pasajeros que recojíamos en las esquinas. En realidad, yo sólo ocupaba espacio (tenía cinco o seis y mis matemáticas servían para un carajo). Era el hecho fantástico de "salir a trabajar con mi papá".

Me fascinaba que el carro, muy largo y ancho, se llenara poco a poco de extraños, ¡como si fuera un colectivo de verdad! Sentía que los engañábamos, igual que en Misión Imposible. Me emocionaba que de pronto mi padre se preocupara por la presencia de un patrullero pues según escuchaba feliz, éramos "piratas", igualito que en los "Corsarios y filibusteros" que veía a diario por la tele.

En casa, mi madre cumplía también su cuota diaria de milagros y hoy no puedo recordar un sólo día en que haya sentido que me faltara algo, incluyendo mi triciclo verde de ruedas con rayos, premonición o causa de mi actual afición por las bicicletas. Ignoro de dónde se saca el coraje para llevar adelante una familia en circunstancias poco propicias. Tampoco sé por qué mis padres se tomaron el trabajo. Solo atino a estar agradecido.

El ciclo se va cerrando y tiende a repetirse, pero en otro punto del camino, más amable. Hacia atrás, la perspectiva valiosa de la historia compartida. Hacia adelante, el convencimiento de que, de alguna manera, formamos una buena familia, aunque para nada ejemplar: piratas en misión imposible.

Hoy cumplo otro de mis ciclos y regreso a la Arequipa montado en el extremo opuesto del Rambler: mi bicicleta. Aunque la sensación de ser un pirata no ha desaparecido, las amables lanchas-colectivos han sido reemplazadas por las combis velocirraptoras. No parece haber lugar para niños soñadores o ingenuos, pero sé que tienen que estar por ahí: ellos son el punto de partida y de retorno, el eje que tarde o temprano hace posible la espiral, el ciclo, la marcha, el avance.

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Pablo Vásquez para Sophimanía

lunes, 15 de marzo de 2010

A pesar del recelo policial fue un éxito la "Ciclonudista 2010"


Imágenes: Frecuencia Latina

Medio millar de ciclistas marcharon por las calles de Lima para exigir a las autoridades medidas que hagan más fácil y seguro transladarse en bicicleta por la ciudad.

El informe periodístico de A primera hora. Video: Frecuencia Latina

Fue en el marco de la "Ciclonudista 2010", quinta versión de esta marcha organizada por el colectivo Cicloaxión, el que además de promocionar la bicicleta como medio de transporte urbano trata de crear conciencia sobre la necesidad de proteger el medio ambiente de los gases que emanan los vehículos de combustión.

Imágenes: Frecuencia Latina

La marcha fue el sábado y tuvo como eje la av. Arequipa. La policía se mostró contraria a que hubiera gente desnuda en la vía pública y existió desacuerdos que finalmente fueron superados.

Al final de la marcha se entregaron premios entre los participantes.

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Información de Frecuencia Latina. Resumen de Sophimanía

jueves, 4 de marzo de 2010

Perú: Ciclonudista 2010 ya tiene lugar y fecha: Marzo 13 / 10 am / Aramburú con Arequipa


El colectivo Cicloaxión, que promueve el uso de la bicicleta dentro de la ciudad y el uso de transportes que no contaminen la atmósfera ni contribuyan al calentamiento global ya le ha puesto fecha, lugar y hora a su próxima "Ciclonudista": 13 marzo, a las diez de la mañana, entre la avenida Arequipa y la Aramburú.

Foto: 20minutos.es

A pesar del nombre, no es indispensable ir calato o calata. Si quieres participar como viniste al mundo, adelante, pero también hay alternativas como ir con el cuerpo pintado o en ropa de baño o disfrazado de alguna manera creativa. El eslogan es: "Ven tan desnudo como te atrevas, pero se creativo".

Si no tienes cómo pintar tu cuerpo, no te preocupes. El día de la bicimarcha, a partir de las ocho de la mañana, habrá tres artistas voluntarios dando ese servicio a quien lo solicite por solo dos soles por persona. Si vas con un polo blanco, habrá personas que por un sol les podrán estampar un diseño alusivo a la marcha.

Foto: Nsfw

La bicicleta tampoco tiene que ser especial. Trae la que tengas o mejor te acomode. O si prefieres puedes usar patines. Tampoco hay restricciones de edad ni de sexo. La invitación es abierta a todos.

Además de las razones medio ambientales, la Ciclonudista también quiere sensibilizar a la ciudadanía sobre la fragilidad de los ciclistas que se atreven a movilizarse en ese medio por nuestra caótica y violenta ciudad, exponiendo sus cuerpos como si fueran precarias carrocerías.

Al final de la marcha habrá premios a la mejor pintura corporal, al mejor disfraz y a la bicicleta más rara.

Si deseas colaborar con la organización de esta marcha puedes reproducir esta información en los medios que estén a tu alcance (Twitter, Facebook, Messenger, etc) o imprimiendo el afiche de la web para pegarlo en gimnasios, centros culturales, universidades, etc.

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Información de Cicloaxion. Resumen y edición de Sophimanía

domingo, 28 de febrero de 2010

Ciclovía: Transportes y comunicaciones


Imagen: A0.vox

Mucho se dice de la bicicleta como medio de transporte: que es el vehículo más eficiente del mundo en cuanto a su relación energía - performance; que es ecológicamente limpio, barato, sencillo de mantener y reparar. Saludable. Pero poco se habla de sus cualidades como medio de comunicación.

No por el hecho de unir puntos en el espacio. Nuestras piernas bastan para eso. La bicicleta logra algo más difícil: unir dos circunstancias aisladas en el tiempo. Crear lazos entre dos o más generaciones.

Por sus vínculos con las primeras etapas de la vida, la bicicleta simboliza un vigor juvenil que revitaliza al ciclista (por lo menos cuarentón) que se encarama sobre sus mandos. Los más jóvenes, al contrario, se suben a la bicicleta como quien asume la responsabilidad de estar creciendo. Como si fuera el primer eslabón de una cadena que terminará, eventualmente, en un vehículo motorizado.

No importa en realidad el motivo. Una vez sobre el sillín, la naturaleza esencial de la bicicleta nos obliga a despojarnos de lo superfluo, exactamente lo contrario de subir a un automóvil. El biciclo no permite transportar más que a nosotros mismos, a condición de convertirnos en un motor de dos tiempos. Para algunos, un trámite humillante. Para el ciclista, una declaración de independencia.

Liberados de su precaria situación de ser bípedos, con el encargo celoso de guardar el equilibrio, padre e hijo, tío y sobrino, abuelo y nieto están listos para compartir la gran riqueza del camino. Una experiencia bien grande.

No se trata de la típica comunicación de las palabras, tan imperfecta y engañosa. Es la comunicación, mucho más completa, de las sensaciones internas a través de ciertos paisajes de los que formamos parte. La conversación, si se da, es casual. Pero como nunca, su musicalidad está llena de acordes profundos.

Al aire libre el camino vuelve a tomar el sentido de promesa que tenía cuando éramos nómades. No se disuelven las jerarquías, se hacen tolerables. El niño pretende ser adulto en su estilo de dominar una máquina. El adulto pretende ser niño en su forma de disfrutar una curva.

Por primera vez, al mismo tiempo, parecen estar dispuestos a prestarse atención uno al otro. Dos conjuntos cerrados que se interceptan en un punto. Dos solitarios que formalizan una tregua. No importará que los ciclistas se lleven veinte o treinta años de distancia, ni que el resto de los días regresen al aislamiento de las tareas cotidianas.

Compartir un paseo en bicicleta es un misterio que restituye la posibilidad de estar juntos, aún a costa de nuestras edades y parentescos. Una virtud que las caminatas han ido perdido en los pasillos luminosos de esos centros comerciales que ahora llamamos, con eufemismo, "ciudades".

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Pablo Vásquez para Sophimanía

sábado, 13 de febrero de 2010

Ciclovía: En busca de la bajada eterna



Fumar mariguana es un proceso que puede ser descrito por las palabras prendida, subida, estón, en algo, bajada y flashback.

Cada una de ellas describe una acción o sintomatología concretas. Bajada por ejemplo, es el final del ciclo. Luego del clímax (risueño o depresivo, de acuerdo al estado de ánimo del sujeto) la cannabis comienza a disminuir sus efectos.

Los esquemas de pensamiento racional, que durante la euforia se habían liberado de sus ataduras cotidianas, vuelven a dibujar los contornos de lo imaginario y de lo socialmente aceptable, induciendo al consumidor a un estado de melancolía culposa, conmúnmente verbalizada por el binomio: "tengo hambre".

El título de esta columna no alude a ese tipo de bajada.

Si la bicicleta la hubieran inventado en el siglo XV, Colón no habría tenido problema en demostrar que la Tierra no es plana. Basta tener más de cuarenta años y pedalear una vuelta por Lima para aprender que hay calles que están en bajada y calles que están en subida.

Uno aprende también que en la filosofía de dos ruedas los cambios sustentan las revoluciones y que manejar cara al viento es un placer que nada tiene que ver con lo experimentado en la niñez o la adolescencia -edades poco propicias para valorar el ocio- sino con eufemismos adultos absolutos como "libertad" y con traumatismos encélafo craneanos relativos al hecho que entre los automovilistas y los ciclistas existe una guerra no declarada por derechos de asfalto.

Pero más que un riesgo o un ejercicio físico, la bicicleta es un buen ejercicio mental. Al abrigo de una actividad que exige atención, coordinación y esfuerzo, las neuronas se liberan y entran en una especie de catarsis creativa en la que las ideas fluyen con facilidad. Mis mejores pecados se me han ocurrido en tales trances.

No todo es felicidad, por supuesto. Las subidas son una factura insoslayable. Cuesta arriba, uno va bajando los cambios a medida que los muslos se van tensando. Se avanza cada vez más despacio y se suda. En esos momentos el ciclista fantasea sobre la posibilidad improbable de que todas las calles del mundo sean en bajada, libres de autos y huecos.

Como la vida, pedalear se convierte en la búsqueda de una bajada eterna que no existe, pero que llega a puchos, cómplice de la dirección de alguna avenida. Entonces, mientras baja otra vez, el ciclista se reconcilia con el mundo y piensa que la vida vale la pena ser pedaleada. Pero tal pensamiento vale un comino. Cercano al éxtasis, ha dejado de pensar con ecuanimidad y ha sucumbido al placer de romper el viento con la cara.

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Pablo Vásquez para Sophimanía

sábado, 16 de enero de 2010

Ciclovía: Mis muertes favoritas


En el Perú más gente muere por accidentes de tránsito que por operaciones militares o policiales. Según las estadísticas, más peligroso es tomar una combi que participar en una acción antisubversiva en el VRAE.

La situación es peor para los ciclistas, que vamos por ahí sin latas ni bolsas de aire que nos protejan. No hay semana en que uno no se sienta en el peligro inminente de ser atropellado. No hay día en que un conductor no nos haga recordar que vivimos en una ciudad hostil y caótica.

Pero ir en bicicleta ofrece mejores alternativas que morir bajo las ruedas de un vehículo. Si usted está pensando en suicidarse, el biciclo le ofrece cuatro opciones bien originales.

Si desea una muerte a la moda, con repercusiones medio ambientales, vaya por una avenida transitada por microbuses. Como nuestras velocidades relativas son casi las mismas, hay tramos absurdos en que vamos a la zaga de sus escapes mortales, respirando monóxido de carbono.

Bastan cuatrocientos metros seguidos para morir envenenados por los gases, con la paradoja adicional de que a la vez estamos haciendo un ejercicio integral y "al aire libre".


Si por el contrario desea que su suicidio ponga de manifiesto la absurda precariedad de la condición humana, busque jardines con muritos enrejados. Máximo de veinte centímetros de alto. Como los muritos son albergue habitual de los ciclistas -nos permiten parar sin que sea necesario bajar del asiento- al detenerse haga que su pie resbale y pierda piso. Acto seguido, caiga lateral y suavemente sobre las puntas de la reja. Toda una estupidez.

Si usted es formal y está pensando en un clásico ahorcamiento, tampoco es preciso que se baje de la bicicleta. Busque un poste torcido, que esté curvando sus alambres sobre la calle. Basta que tome impulso y corte camino sobre la acera, para que el cable lo tome por el cuello y lo jale hacia arriba, dejando que el biciclo camine solitario unos metros más, libre e incompleto.

El último es para románticos: hay parques rodeados por barandas de cáñamo. Son maderas frágiles y huecas, que pronto se deterioran. A veces, un carrizo se libera e invade la pista, apuntando mortal hacia quienes usamos la parte derecha de la vía. Si no es evitada a tiempo, la caña puede fácilmente atravesarnos de lado a lado, entrando por el pecho, a la altura del corazón (no en vano las usan para hacer anticuchos) y salir por la espalda.

Es mi muerte favorita. Me recuerda las justas reales que describe Walter Scott, con una ventaja: Si el ciclista tiene suficiente coraje, puede resistirse a caer al suelo. Para morir dignamente es de vital importancia que se mantenga erguido sobre su máquina, sujetando con la mano derecha la lanza mortal que lo atraviesa y con la izquierda el manubrio del biciclo (un ciclista que se respeta puede perder la vida, no el equilibrio).

Poco a poco debe desangrarse, pero es imprescindible que muera antes de que llegue el fiscal de turno o peor aún los reporteros de la televisión.

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Pablo Vásquez para Sophimanía

sábado, 12 de diciembre de 2009

Boom sobre dos ruedas: El fenómeno de las bicicletas plegables

Si te cansas, la doblas y te tomas un taxi o te subes a un micro. Foto: El Mercurio

Bajo el escritorio de Elena Moreno (33), ingeniera civil y ejecutiva de Innova Chile, siempre hay un bulto que diferencia su oficina del resto. Elena pedalea cada mañana treinta minutos desde su casa hasta su trabajo y a sus pies reposa la evidencia: un atado de fierros que, desplegados, forman una bicicleta que le ha cambiado la vida.

"Me la compré apenas llegó. Siempre he sido aficionada a las bicis, y tengo una mountainbike, pero esta es ideal para venir a trabajar. Pesa nueve kilos, no tiene cadena metálica, sino una correa d plástico que no se engrasa ni me ensucia la ropa de oficina y, además, me demoro cinco segundos en armarla. Y si me canso o voy atrasada, la doblo y me tomo el Metro", asegura.

Como Elena, cada vez más personas son seducidas por estas bicicletas. Según explica Nicolás Pizarro, socio de las bicicletas Urbant -importadas desde China-, "el primer embarque se fue muy rápido, y el segundo, de 400 bicicletas, se nos acabó a los pocos meses".

Olvídate del estacionamiento y la cadena, ahora la puedes guardar bajo el
escritorio. Foto: El Mercurio

Cristián Saavedra, de la Importadora Macris (donde venden la exclusiva marca Dahon), también tiene claro el perfil de estos ciclistas urbanos: "Son sobre todo jóvenes, hombres y mujeres, profesionales con conciencia ecológica". Y claro, en Facebook existen distintos grupos para amantes de estos vehículos plegables.

Información de El Mercurio. Resumen de Sophimanía

domingo, 15 de noviembre de 2009

Ciclovía: Ma

Foto: Eyefetch

Iba en camino. Mientras tanto mi madre esperaba en la ventana del departamento verme regresar del trabajo en mi bicicleta negra. Ella temía -con razón- que un accidente de tránsito estropeara nuestras vidas, pero sus desvelados reparos nunca fueron más allá de un silencio reprobatorio, de cierto rictus de desprecio al mirar las bicicletas arrumadas en el comedor.

No lo tomen a mal: Sarita Flores se hacía querer. No importaba el lugar al que la vida la llevara -y la llevó a muchos lugares- al poco tiempo se convertía en la fuerza que organizaba y resolvía todo, promoviendo salud, alegría, esperanza, mesa buena y un tipo de sabiduría amable y prejuciosa que ella administraba con un alto sentido de justicia. Discutible, pero justicia.

Mi madre -que creció en los treintas mataperreando en las calles desniveladas de Pacasmayo- sabía trompearse de tu a tu con los muchachos, jalar mechas, jugar canicas, trompo, robar frutas de las huertas, alborotar enamorados, dar discursos por Fiestas Patrias y escaparse del colegio para irse a bañar a la bahía del puerto. Pero ninguna de sus historias tenía que ver con bicicletas. Quizás por eso no apreciaba su embrujo.


Pero su magia materna era más poderosa que cualquier biciclo: para mi hermano y para mí era normal verla hacer milagros a diario: desayuno, almuerzo, comida, palabras sensatas o dulces, sentido del humor y del amor, eventuales palmazos, juguetes, escapadas al cine y libros de aventuras; pero sobre todo libertad para soñar y decidir lo que queríamos hacer en la vida; ella siempre dispuesta a celebrar nuestros éxitos; a suavizar nuestros fracasos.

Sarita Flores. Excepto para mi bicicleta negra, era bien fácil ganar su corazón. También su cólera, pero era pasajera. Y además -y aunque no le gustara reconocerlo- sabía perdonar.

Ahora, que me espera en los Jardines de la Paz, mientras pedaleo por las calles violentas de Lima su preocupación de madre perdura como una sombra cálida que me acompaña y me hace doblemente precavido, lo que sin duda y más de una vez me ha salvado la vida. Es como si su solo recuerdo me hiciera más sabio, mejor hijo, mejor ciclista, mejor amigo.

¡Mi madre! Enemiga de los vehículos de dos ruedas. Partidaria del orden y el jabón. Suiza en miniatura. Pacasmayo instantáneo. Cajita de música. Ejército de a uno. Sabia, con quinto año de primaria. Santa, sin ir a misa ni promover la religión.

Voy en camino, ma.

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Pablo Vásquez para Sophimanía

sábado, 7 de noviembre de 2009

Ciclovía: Montar por amor



De todas las circunstancias que nos animan a subir a un biciclo, la más placentera es aquella que tiene por meta visitar a la persona amada. En tal situación, pedalear se convierte en un preámbulo amoroso, en un juego erótico, en un anticipo sensual del destino que nos aguarda.

Como siempre, la emoción se proyecta alrededor y el trayecto, antes simple o frío, se vuelve sensorialmente complejo.

Subir una pendiente, apretar los frenos, mover los muslos, observar el asfalto y cambiar de catalina o de ritmo ya no son más decisiones racionales de un ciclista responsable, son ahora desvaríos de un enamorado en trance de reducir a cero -o menos- la distancia que lo separa de su amada.

Por supuesto, el desamor, la culpa y las dudas reclaman un pedazo de ruta. Las fachadas de las iglesias, por ejemplo, nos sabotean con malos pensamientos: "¿Me ama tanto como yo la amo?", "¿Estará dispuesta a ir más lejos que la última vez?", "¿Los condones tienen fecha de expiración?". Ateo o agnóstico religiosamente practicante, es recomendable evitarlas pues aun cuando tales pensamientos no nos perturben, nunca falta la presencia de algún feligrés con cara de estar arrepentido de los pecados que hemos planeado cometer con ahínco.

Todo asomo de culpa, aunque sea ajena, es una mala conciencia para quien espera dejar huellas perdurables en la persona amada.

Otras fachadas que hay que evitar son las de los parientes, las de las antiguas enamoradas y las de los cines, donde el infaltable afiche del galán de turno nos hará sentir más feos y desgarbados que de costumbre.

Y así como en el lecho será importante eludir la eyaculación precoz, sobre la bicicleta es necesario evitar el sudor prematuro. Nada más desagradable que presentarse hecho una sopa jadeante y humosa. Por eso, al montar, el ciclista debe hacer un acuerdo consigo mismo, un término medio entre sus ganas de arribar pronto y su necesidad de llegar amable.

Como todo, es cuestión de práctica, de tomárselo con calma, de sucumbir al sádico disfrute que existe en el retraso voluntario del placer inminente (aquí los años ayudan, como las mañas).

"Ya solo faltan tres cuadras" me digo al llegar al cruce de dos avenidas que ahora siento más cómplices que nunca y me convenzo de que estoy libre de la eventualidad horrible de que se me baje una llanta. Al insufrible retraso que impondría tal avería, está la afrenta adicional que con insoportable impudicia exhibe el caucho sin aire: la flacidez, oscuro presagio para todo el que pretenda encarnarse de amante.

Foto: Clubfoto.ru / Krystobal

Ya estoy allí. La primera etapa del viaje ha terminado, aquella signada por el movimiento horizontal - rectilínio. En la segunda, la que me alisto a realizar, curiosamente no iré a ninguna parte, el movimiento será repetitivo, en el mejor caso circular, pero como nunca sentiré que me traslado a la velocidad del vértigo, que conozco y reconcozco los lugares más cálidos y perfectos que puede disfrutar un ser humano, lugares mágicos a los cuales mi leal bicicleta -que ahora espera abandonada en la entrada- no podrá llevarme jamás. Siento pena por ella: tan hábil para llegar a las puertas del paraíso, pero totalmente incapaz de cruzar el umbral.

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Pablo Vásquez para Sophimanía

domingo, 1 de noviembre de 2009

Dinamarca y Holanda a la vanguardia de la bicicleta en el mundo

Uno de los miles de estacionamientos de bicicletas que hay en Copenhague. Foto: BBC

El portal danés especialista en la bicicleta urbana copenhagenize.com, publicó hace poco la lista de las ciudades del mundo donde más se utiliza la bicicleta como medio de transporte.
Se trata de clasificar aquellas ciudades en las que el modo de transporte mediante bicicleta representa, como mínimo, un diez por ciento del total. La ciudad que lidera la clasificación es Copenhague, en la cual, un 55% de los desplazamientos totales realizados en la ciudad se hacen en bicicleta. De hecho, el lema del portal “Copenhagenize.com”, autor de esta clasificación, es “La vida en la capital mundial de la bicicleta”.

En la capital danesa, más de la mitad de todos los desplazamientos se realizan en bicicleta. El resto de modos de transporte (andar, coche, patines, tranvías, taxis etc, suma el 45% restante).

Copenhague un día cualquiera. No es por falta de recursos económicos, es
por adecuada conciencia ambiental y racionalidad. Foto: R.Patersons

En la clasificación se han tenido en cuenta aquellas ciudades cuya parte de transporte en bicicleta alcanza o supera el 10%. Cifra que alcanzan 30 ciudades en todo el mundo. En esta selección aparecen ciudades grandes como Tokio y otras mucho más pequeñas como Davis, en Estados Unidos.

Las estadísticas provienen de la OCDE (Organización de Cooperación y Desarrollo Económico) y solamente se incluyen ciudades de países desarrollados en los que el automóvil es tradicionalmente accesible a la mayoría de la población por lo que constituye una competencia directa a la bicicleta. De esta forma se le concede mayor valor a las estadísticas ya que los ciclistas, en su mayoría, han elegido la bicicleta de forma voluntaria.

En el caso de nuestro país, Lima es una ciudad mayormente plana y con clima benigno todo el año, dos de las principales condiciones para que la bicicleta sea, literalmente viable. Nuestro principal problema no es geográfico, sino educativo y de decisión municipal.

Clasificación de ciudades
Copenhague - 55%
Gronningen, Holanda - 55%
Assen, Holanda - 40%
Amsterdam, Holanda - 40%
Münster, Alemania - 40%
Utrecht, Holanda - 33%
Ferrara, Italia - 30%
Malmoe, Suecia - 30%
Linköping, Suecia - 30%
Västerås, Suecia - 30%
Odense, Dinamarca - 25%
Basilea, Suiza - 25%
Osaka, Japón - 25%
Bolonia, Italia - 25%
Parma, Italia - 25%
Oulu, Finlandia - 20%
Roterdam, Holanda - 20-25%
Berna, Suiza - 20%
Tübingen, Alemania - 20%
Aarhus, Dinamarca - 20%
Tokyo, Japón - 20%
York, Inglaterra - 18%
Munich, Alemania - 15%
Davis, (EEUU) - 15%
Cambridge, Inglaterra - 15%
Berlin, Alemania - 12%
Turku, Finlandia - 11%
Estocolmo, Suecia - 10%

Información de Ladyverd.com. Resumen y versión de Sophimanía

domingo, 18 de octubre de 2009

Ciclovía: Cuestión de equilibrio (ecológico) / A propósito del 24/10


A primera vista, parece que las bicicletas y los automóviles tuvieran algo que ver. Pero un análisis cuidadoso revela pronto el error. La relación entre velocípedos y vehículos motorizados es aún menos estrecha que la que existe entre los cuadrúpedos y los bípedos biológicos.

Su supuesto parentesco se basa en cierta similitud de partes y funciones; pero para el ciclista son bien claras las diferencias de naturaleza. Mientras que los autos se sostienen sólidamente sobre sus cuatro ruedas y se mueven impulsados por contaminantes motores de combustión, la bicicleta es hija de otro prodigio absolutamente más sencillo y saludable: el equilibrio.

Equilibrio, define el diccionario, «es el estado de un cuerpo cuando actúan sobre él fuerzas iguales y de sentido opuesto». Sin duda, los autos tienen sus propios equilibrios, pero ninguno tan sutil como el que sustenta a las bicicletas.

No está lejano el día en que los vehículos de combustión desaparezcan o se emancipen manejados por sus propias computadoras. Pero, ¿podrá un robot manejar un biciclo? ¿Podrá un intrincado sistema de giroscopios ir guardando el equilibrio mientras toma una curva rápida, a costa de quebrar el timón y poner la bicicleta en ángulo de 45 grados?

Pero el equilibrio no es patrimonio de los ciclistas. Hay quienes lo usan desde hace millones de años: los pájaros. Sólo al volar, la magia del equilibrio es más bella.


Con las alas extendidas las aves remontan vuelo y se suspenden en el aire, pero no por mucho tiempo: hay que agitar las alas, entregarse al fenómeno con confianza y esfuerzo. El aire no es ingrato y responde revelando secretos que el ave domina y reconoce retozando con piruetas.

Igual es para el ciclista. Es conductor, motor, contrapeso y pasajero. Su aire es su máquina. Tomado el impulso suficiente es posible dejar de aletear y dejarse llevar por la corriente de una bajada y aprovechar la inercia para subir nuevamente.

En vuelo rasante, uno siente que está libre de los rigores del suelo, de los embotellamientos de tránsito, de los huecos, de los pasos estrechos. Es una ilusión, claro, pero se sostiene mientras nuestros pies no toquen el suelo.

¿Los motociclistas? Bueno, son como el eslabón perdido. Una desgraciada mutación que nos recuerda que la naturaleza también se equivoca. La mayoría de motos son autos de dos ruedas, para trasladarse o hacer cobranzas. Otras son aviones-caza, propicias para el ruido y la muerte violenta.

Las motos no vuelan, cortan el aire. No mantienen el equilibrio, lo secuestran. Sus pilotos, militares al fin, no comprenden las ilusiones de libertad. Se someten, felices, a la dictadura del vértigo, de la combustión, de la fuerza. Subalternos del tacómetro y del velocímetro, jamás entenderán el embrujo del dolor, del camino, del delirio.

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Artículo de Pablo Vásquez para Sophimanía

Próximo sábado 24: Recorrido sin carros por el Día de la acción climática















El colectivo "350 Acción climática Perú" está organizando para el próximo sábado 24 el Día de la acción climática, es decir una fecha para recordar y para difundir la necesidad de hacerle frente al calentamiento global.

350 Perú, con el apoyo de Caju, Cicloaxión, Generarte, GCAP Perú y otras entidades preocupadas por la salud del medio ambiente, están pidiendo a la población que participe de este recorrido a pie y/o en bicicleta (aunque yendo muy lentamente), que partirá del parque Kennedy en Miraflores y la Plaza San Martín en el centro de Lima, para llegar ambos grupos al parque Pedro Ruiz Gallo de Lince.






















Difunde la noticia y anímate a participar. Poster: 350 PEru

Ahí se tomarán fotos, por lo que se propone a quienes vayan a ir que lo hagan vistiendo camisetas blancas, que serán decoradas con motivos alusivos al tema del recorrido.

Se espera así contribuir a que las autoridades tomen conciencia de la necesidad de reducir los niveles de dióxido de carbono (CO2) que contiene la atmósfera hasta un nivel que se considera "seguro": 350 partes por millón.

Los que vayan en bicicleta deberán tener en cuenta que el ritmo será lento, siguiendo el paso de quienes vayan a pie. La hora de la reunión es las once de la mañana y la partida al medio día.

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Información de Cicloaxion. Edición de Sophimanía

¿Qué es Sophimanía?

Divulgación Científica:
Impulsamos el conocimiento de temas que por coyunturas políticas, pasan a 2do plano. Creemos que solo nuestro instinto por saber, conocer, explorar, cuestionar, construir, ha permitido que nuestra especie ocupe este espacio-tiempo, y por lo que quizás permanezca.

Pensamiento Crítico:
Ver el mundo con ojos nuevos. Rebelarse contra la información estandarizada. No dejarse doblegar por el sistema, la educación pasteurizada o el circuito estético consumista imperante. Ser libre, o lo más libre posible, empezando por tu mente y tu cerebro.

Un blog de Claudia Cisneros