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martes, 3 de mayo de 2011

Estudio: luego de la liposucción, la grasa regresa


El cuerpo "defiende su grasa". Ilustración: Gina Kolata

Aparecen unos rollitos y unas llantitas, nos hacemos una "lipo" y todo desaparece, como por arte de magia. Gracias a esa impresión, la liposucción se ha convertido en Estados Unidos y otros países en la cirugía plástica más popular. En EEUU se hacen 450,000 procedimientos de este tipo al año, cada uno de los cuales cuesta varios miles de dólares.

Pero... ¿La grasa vuelve? Hasta ahora no se podía responder a eso con seguridad, pero un nuevo estudio, liderado por los investigadores Teri L. Hernández y Robert H. Eckel, de la Universidad de Colorado, tiene la respuesta. Y no son buenas noticias.

El resultado, publicado en la revista "Obesidad", es que la grasa vuelve luego de la liposucción. Le toma un año, pero vuelve, y no precisamente donde estaba antes, sino que se redestribuye más arriba, el la parte alta del abdomen, hombros y tríceps. Así nos quitemos medio kilo, este regresa.

Los especialistas en obesidad no están sorprendidos de estos resultados. Ellos saben que "el cuerpo defiende su grasa", y que ella tiende a regresar, así hagamos dieta. "Es otro capítulo del libro 'No puedes engañar a la madre naturaleza" bromea el doctor Rudolph Leibel, especialista en el tema por la Universidad de Columbia.

Al parecer, en respuesta a la cirugía, para compensar la pérdida, el cuerpo activa el crecimiento de grasa en zonas no operadas. En las zonas operadas no vuelve a crecer porque la cirugía destruye la fina estrucutra subcutánea donde se acumula.

La mejor manera de librarnos de la grasa corporal innecesaria de forma más o menos permanente y segura es comer sano y hacer (al menos un poco) de ejercicio diario.

Información del NYTimes.com. Versión, edición y traducción de Sophimanía

miércoles, 10 de marzo de 2010

La grasa es el sexto sabor (además de dulce, salado, agrio, amargo y umami)

Foto: Mikeeatsdetroit

Las personas sensibles al sabor de la grasa tienden a comer menos cantidad de este ingrediente y son menos propensas a sufrir sobrepeso, según una investigación australiana que halló que la lengua puede detectar la grasa.

Científicos de la Universidad de Deakin, que trabajaron con compañeros de la Universidad de Adelaide, entre otros, encontraron que la grasa era el sexto sabor que una persona puede identificar además de los otros cinco: dulce, agrio, salado, amargo y "umami" (rico en proteínas).

En un comunicado, el investigador de Deakin, Russell Keast dijo que los resultados se suman a estudios previos en EEUU que usaron modelos animales para descubrir el sabor de la grasa.

"Encontramos algo interesante: que aquellos con una alta sensibilidad al gusto de la grasa consumían menos alimentos grasos y tenían menores índices de masa corporal (IMC) que aquellos con una menor sensibilidad", agregó Keast.

El equipo desarrolló un procedimiento para comprobar la capacidad de saborear una variedad de ácidos grasos hallados comúnmente en los alimentos. Los investigadores descubrieron que existe un "umbral" del sabor que varía según la persona. Algunas tienen una alta sensibilidad al gusto y otras no.

"Dado que las grasas son altamente accesibles y muy comunes en las dietas actuales, esto sugiere que nuestro sistema gustativo puede tornarse insensible al sabor de la grasa con el tiempo, lo que haría a algunas personas más susceptibles al consumo excesivo de alimentos grasos", dijo Keast.

"Ahora estamos interesados en entender por qué algunas personas son sensibles y otras no, lo que creemos que permitirá ayudar a las personas a reducir su consumo de grasa y a desarrollar nuevos productos y dietas reducidos en grasa", agregó.

Los investigadores dijeron que el descubrimiento podría ser clave para reducir la obesidad. Los resultados del estudio fueron publicados en la última edición de British Journal of Nutrition.

Información de Publico.es. Resumen de Sophimanía

viernes, 27 de febrero de 2009

¿La mejor dieta? ¡Comer menos!


"Fat Brad", una realidad que afrontan dos tercios de los norteamericanos
adultos. Fuente: Internet

Hay miles de dietas distintas. Y si usted tiene sobrepeso seguramente ha probado decenas de ellas, probablemente con pocos resultados. Si es así le interesará saber del estudio hecho por el doctor Frank Sacks, de la Escuela de Salud Pública de Harvard, quien lo resume de esta manera: "El tipo de dieta que elijamos no es tan importante. Lo importante es comer menos".

El estudio monitoreó 811 obesos agrupados al azar para seguir cuatro dietas distintas (dieta baja de grasas, dieta alta de grasas, dieta alta en proteínas y dieta balanceada) complementadas con 90 minutos de ejercicios a la semana. Después de seis semanas, todos los participantes, sin importar qué dieta hicieron, perdieron en promedio seis kilos, un siete por ciento de su peso original.

Luego de dos años aumentaron en promedio casi dos kilos. Solo el quince por ciento de los participantes se mantuvo con el peso perdido. Todos, sin embargo, redujeron sus posibilidades de enfermar de diabetes y su colesterol "malo" (HDL) bajó mientra que el "buen" colesterol (LDL) aumentó, todo ello redundando en un corazón más saludable.

La doctora Catherine Loria, coautora del estudio, dijo: "La gente debe elegir alimentos saludables, pero el estudio también demuestra que hay mucha flexibilidad a la hora de armar una dieta".

Pero si elegir qué comer ya es difícil, lo es más comer menos. Al comienzo el plan era que los participantes en el experimento comieran 750 calorías menos al día, pero fue una meta imposible de alcanzar. El promedio de reducción de calorías aceptable fue de 225 calorías menos al día, la tercera parte de la meta inicial. Los médicos ahora opinan que reducir 750 calorías de la noche a la mañana es demasiado arduo y apuestan por una reducción gradual.

Otros investigadores dicen que comer menos es un trabajo demasiado difícil para que sea encarado por una sola persona, que lo mejor es compartirlo socialmente. Martjin Katan, profesor de nutrición de la Universidad de Amsterdam recordó que en Francia fue testigo de cómo un pueblo se preocupó por el peso de sus habitantes.

Construyeron rutas para salir a correr y caminar, canchas para hacer deporte al aire libre, impartieron clases de cocina saludable e incluso hicieron intervenciones en familias en riesgo de caer en obesidad severa. Comparado con ciudades cercanas, en ese pueblo francés la obesidad en niños se redujo 8.8 por ciento. "Combatir y prevenir la obesidad requiere un nuevo enfoque más social e incluso más ambiental" dijo Katan.

El estudio hecho en Estados Unidos avala ese planteamiento pues los participantes en el experimento tenían asesoramiento y eran parte de un grupo. Esos factores ayudaron a que la baja de peso haya tenido más éxito que los intentos individuales. Ser parte de un grupo con las mismas metas ayuda a mantener la motivación y la concentración.

Los especialistas también aconsejan plantearse metas realistas. Una persona de 115 kilos difícilmente podrá convertirse en un supermodelo en el transcurso de una vida. Y no lo necesita. Una reducción de peso de un 10 por ciento lo puede ayudar mucho a bajar el colesterol y el riesgo de padecer enfermedades cardiacas y diabetes.

Muchos doctores especialistas en dietas no aspiran a que sus pacientes sean delgados sino saludables. Y el "secreto" básico para bajar de peso sigue siendo el mismo: comer menos calorías de las que necesitamos.

Información de Time. Versión, edición y traducción de Sophimanía

lunes, 19 de enero de 2009

En tiempos difíciles la naturaleza favorece el cerebro femenino



Los científicos saben desde hace tiempo que los mamíferos machos y los mamíferos hembras responden de diferente manera a la escasez de alimentos: las células de los machos tienden a conservar las proteínas mientras que las de las hembras conservan mejor las grasas.

¿Pero qué ocurre en el cerebro, órgano que requiere un conjunto complejo de nutrientes para funcionar adecuadamente? Un estudio hecho en roedores, que son una buena analogía de los humanos, da algunas pistas.

Lo resaltante del estudio: En circunstancias difíciles, la naturaleza favorece la supervivencia de las hembras, no de los machos. O, dicho en otras palabras: las hembras parecen ser más valiosas que su contraparte sexual.

Luego de 24 horas de privación de alimento, las neuronas de los machos se mostraban bastante más disfuncionales (70% menos de actividad) que las neuronas de las hembras (50% menos de actividad).

Mientras que las células nerviosas de los machos comenzaron a "comerse a sí mismas", es decir usar parte de sus componentes vitales como fuente de combustible, las neuronas de las hembras creaban y guardaban reservas de lípidos.

En consecuencia, bajo las mismas circunstancias de privación, las neuronas de los machos mueren más que las neuronas de las hembras que movilizan ácidos grasos, acumulan triglicéridos y sobreviven más tiempo.

Por supuesto, todavía faltan más estudios para explicar este mecanismo y para ver si esto también ocurre en el cerebro de los humanos.

Información de LiveScience. Edición, versión y traducción de Sophimanía

jueves, 8 de enero de 2009

Come inteligente: lo que tu cerebro requiere de tu dieta


El epicentro de todo: conocimientos, pasiones, amores, deseos, temores... Tanto trabajo
quiere el 20 por ciento de lo que consumimos, a pesar de que su masa representa solo el
2% de nuestro peso. Fuente: LiveScience

Todos sabemos que lo que comemos afecta nuestro peso, pero cuidado: también afecta nuestro cerebro. Por ejemplo, la cantidad de calorías, carbohidratos y grasas saturadas que consumimos tiene efectos sobre nuestra memoria a corto plazo.

Aquí hay cinco cosas que tienes que saber en relación a lo que comes y tu cerebro.

1. Aliméntate

Nuestro cerebro representa en promedio el dos por ciento de nuestro peso corporal, sin embargo consume el 20 por ciento de las calorías que diariamente comemos.

El cerebro constantemente demanda glucosa, obtenida principalmente de carbohidratos (frutas, vegetales, granos, etc). Solo en momentos de inanición, el cerebro recurre a sustancias alternativas.

Las partes del cerebro que han evolucionado "recientemente" (hablando en escala evolutiva), como la corteza, centro del pensamiento conciente, son las más sensibles a la falta de glucosa. Las partes que controlan nuestros signos vitales, mucho más antigüas en términos evolutivos, son mucho más resistentes.

"Cuando te baja la glucosa -explica Leigh Gibson, de la Universidad de Roehampton, en Inglaterra- el primer síntoma es confusión, no un cambio en los ritmos vitales".

Pero eso no quiere decir que la recomendación sea consumir dulces a cada momento para mantener el cerebro lúcido. Por el contrario, altos niveles de glucosa en la sangre, lenta e inexorablemente, dañan las células de nuestro cuerpo, incluyendo las neuronas.

Es más, según un estudio de la Universidad de Winsconsin, el cerebro puede reaccionar mal a la abundancia de alimento, generando una respuesta autoinmune asociada a problemas cognocitivos propios del Alzheimer.

Altos niveles de glucosa en la sangre también aumentan la presencia de cortisol, una hormona que en grandes cantidades puede afectar la memoria.

En otras palabras, hay que mantener la glucosa ni muy alta ni muy baja (25 gramos circulando por nuestras venas sería un buen promedio), lo que sugiere mantenernos alejados de los postres.

2. Más veces, porciones más pequeñas

El hábito de tres comidas diarias (desayuno, almuerzo y cena) no es muy adecuado para mantener un promedio de glucosa estable de 25 gramos en la sangre.

Algunos investigadores recomiendan comer con más frecuencia, pero porciones más pequeñas, algo que socialmente nos puede traer inconvenientes, pero no es la única alternativa, como veremos a continuación.

3. Come alimentos con bajo índice glicémico

El índice glicémico es un número que te indica cuánto impacto tiene un alimento en los niveles de glucosa de tu sangre. Un pretzel, por ejemplo, lo aumenta rápido (lo que quiere decir que su índice glicémico es alto). Una zanahoria cruda lo hace lentamente. Es decir, su índice glicémico es bajo.

Los alimentos con bajo índice glicémico aportan glucosa de forma más lenta, manteniendo estable el promedio que necesita el cerebro y ademas, saciando el apetito.

Si bien los carbohidratos presentes en la fibras se "queman lentamente", su asimilación puede hacerse más lenta si se combina con grasas o proteínas.

El pan blanco por ejemplo, tiene un alto índice glicémico, pero si lo combina con carne u otra proteína, su curva baja bastante. Y si aumenta un chorrito de aceite de oliva, mejor todavía.

La clave, como siempre, es una dieta equilibrada entre carbohidratos, proteínas y grasas.

4. Discrimina las grasas

No todas las grasas son iguales. Las "grasas trans" o artificiales, propias de la comida chatarra, son las peores. Las grasas saturadas tampoco son buenas. Las grasas no saturadas son las más sanas.

Las cantidades también son importantes. Ratas alimentadas con altas dosis de grasas saturadas terminan con el hipocampo (lugar donde se forma la memoria de corto plazo) lesionado.

Pero ratas alimentadas con pocas grasas, manteniendo su colesterol muy bajo, resultan depresivas, agresivas y antisociales.

Es decir, eliminar las grasas no es una opción saludable tampoco, hay que buscar el equilibrio.

El famoso Omega 3 parece bueno en el tratamiento de ciertos desórdenes mentales como la esquizofrenia. También parece que favorece el desarrollo del cerebro de los niños.

Sin embargo, los estudios también sugieren que los más beneficiosos son las fuentes naturales de Omega 3. Cuando es artificial (en pastillas) no resulta tan efectivo.

5. Conócete a ti mismo

A pesar de las generalidades, cada cerebro responde ligeramente distinto a los alimentos que consumimos. Los extrovertidos, por ejemplo, son más propensos hacer siestas luego de que almuerzan, mientras que los niños y la gente delgada es más propensa a ponerse gruñona cuando les baja la glucosa, a diferencia de los más gorditos.

Los hábitos alimenticios también influyen. Los que comen poco y hacen mucho ejercicio pueden sobre reaccionar ante un suministro bajo de glucosa (es decir, son más sensibles).

Es su tarea descubrir qué dieta funciona mejor para sus hábitos, peculiaridades y cerebro. Buen provecho.

Información de LiveScience. Edición, versión y traducción de Sophimanía

¿Qué es Sophimanía?

Divulgación Científica:
Impulsamos el conocimiento de temas que por coyunturas políticas, pasan a 2do plano. Creemos que solo nuestro instinto por saber, conocer, explorar, cuestionar, construir, ha permitido que nuestra especie ocupe este espacio-tiempo, y por lo que quizás permanezca.

Pensamiento Crítico:
Ver el mundo con ojos nuevos. Rebelarse contra la información estandarizada. No dejarse doblegar por el sistema, la educación pasteurizada o el circuito estético consumista imperante. Ser libre, o lo más libre posible, empezando por tu mente y tu cerebro.

Un blog de Claudia Cisneros