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viernes, 27 de febrero de 2009

¿La mejor dieta? ¡Comer menos!


"Fat Brad", una realidad que afrontan dos tercios de los norteamericanos
adultos. Fuente: Internet

Hay miles de dietas distintas. Y si usted tiene sobrepeso seguramente ha probado decenas de ellas, probablemente con pocos resultados. Si es así le interesará saber del estudio hecho por el doctor Frank Sacks, de la Escuela de Salud Pública de Harvard, quien lo resume de esta manera: "El tipo de dieta que elijamos no es tan importante. Lo importante es comer menos".

El estudio monitoreó 811 obesos agrupados al azar para seguir cuatro dietas distintas (dieta baja de grasas, dieta alta de grasas, dieta alta en proteínas y dieta balanceada) complementadas con 90 minutos de ejercicios a la semana. Después de seis semanas, todos los participantes, sin importar qué dieta hicieron, perdieron en promedio seis kilos, un siete por ciento de su peso original.

Luego de dos años aumentaron en promedio casi dos kilos. Solo el quince por ciento de los participantes se mantuvo con el peso perdido. Todos, sin embargo, redujeron sus posibilidades de enfermar de diabetes y su colesterol "malo" (HDL) bajó mientra que el "buen" colesterol (LDL) aumentó, todo ello redundando en un corazón más saludable.

La doctora Catherine Loria, coautora del estudio, dijo: "La gente debe elegir alimentos saludables, pero el estudio también demuestra que hay mucha flexibilidad a la hora de armar una dieta".

Pero si elegir qué comer ya es difícil, lo es más comer menos. Al comienzo el plan era que los participantes en el experimento comieran 750 calorías menos al día, pero fue una meta imposible de alcanzar. El promedio de reducción de calorías aceptable fue de 225 calorías menos al día, la tercera parte de la meta inicial. Los médicos ahora opinan que reducir 750 calorías de la noche a la mañana es demasiado arduo y apuestan por una reducción gradual.

Otros investigadores dicen que comer menos es un trabajo demasiado difícil para que sea encarado por una sola persona, que lo mejor es compartirlo socialmente. Martjin Katan, profesor de nutrición de la Universidad de Amsterdam recordó que en Francia fue testigo de cómo un pueblo se preocupó por el peso de sus habitantes.

Construyeron rutas para salir a correr y caminar, canchas para hacer deporte al aire libre, impartieron clases de cocina saludable e incluso hicieron intervenciones en familias en riesgo de caer en obesidad severa. Comparado con ciudades cercanas, en ese pueblo francés la obesidad en niños se redujo 8.8 por ciento. "Combatir y prevenir la obesidad requiere un nuevo enfoque más social e incluso más ambiental" dijo Katan.

El estudio hecho en Estados Unidos avala ese planteamiento pues los participantes en el experimento tenían asesoramiento y eran parte de un grupo. Esos factores ayudaron a que la baja de peso haya tenido más éxito que los intentos individuales. Ser parte de un grupo con las mismas metas ayuda a mantener la motivación y la concentración.

Los especialistas también aconsejan plantearse metas realistas. Una persona de 115 kilos difícilmente podrá convertirse en un supermodelo en el transcurso de una vida. Y no lo necesita. Una reducción de peso de un 10 por ciento lo puede ayudar mucho a bajar el colesterol y el riesgo de padecer enfermedades cardiacas y diabetes.

Muchos doctores especialistas en dietas no aspiran a que sus pacientes sean delgados sino saludables. Y el "secreto" básico para bajar de peso sigue siendo el mismo: comer menos calorías de las que necesitamos.

Información de Time. Versión, edición y traducción de Sophimanía

jueves, 29 de enero de 2009

¿Para qué era bueno comer menos? ¡Para la memoria!


No te olvides: una dieta sana contribuye a tener una memoria sana. Fuente: Internet

Comer menos calorías puede mejorar la memoria de los adultos mayores en un 30 por ciento. Así lo sugiere un estudio hecho en Alemania.

"Nuestro estudio ayudará a generar estrategias de prevención para mantener las funciones cognocitivas entre los ancianos" dijo la doctora Verónica Witte, de la Universidad de Munster.

Estudios hechos en ratas viejas muestran que las dietas bajas en calorías y ricas en ácidos grasos no saturados (los que se encuentran en el pescado y el aceite de oliva) son buenas para las funciones del cerebro, ayudando a mejorar la memoria.

Estudios hechos en humanos indican que se produce el mismo fenómeno. Luego de tres meses, ancianos sometidos a una dieta baja en calorías mejoraron en un 20 por ciento su memoria verbal.

Los investigadores también notaron que había una correlación entre las dietas bajas en calorías y la disminución de los niveles de insulina.

Informción de Reuters. Edición, versión y traducción de Sophimanía

jueves, 8 de enero de 2009

Come inteligente: lo que tu cerebro requiere de tu dieta


El epicentro de todo: conocimientos, pasiones, amores, deseos, temores... Tanto trabajo
quiere el 20 por ciento de lo que consumimos, a pesar de que su masa representa solo el
2% de nuestro peso. Fuente: LiveScience

Todos sabemos que lo que comemos afecta nuestro peso, pero cuidado: también afecta nuestro cerebro. Por ejemplo, la cantidad de calorías, carbohidratos y grasas saturadas que consumimos tiene efectos sobre nuestra memoria a corto plazo.

Aquí hay cinco cosas que tienes que saber en relación a lo que comes y tu cerebro.

1. Aliméntate

Nuestro cerebro representa en promedio el dos por ciento de nuestro peso corporal, sin embargo consume el 20 por ciento de las calorías que diariamente comemos.

El cerebro constantemente demanda glucosa, obtenida principalmente de carbohidratos (frutas, vegetales, granos, etc). Solo en momentos de inanición, el cerebro recurre a sustancias alternativas.

Las partes del cerebro que han evolucionado "recientemente" (hablando en escala evolutiva), como la corteza, centro del pensamiento conciente, son las más sensibles a la falta de glucosa. Las partes que controlan nuestros signos vitales, mucho más antigüas en términos evolutivos, son mucho más resistentes.

"Cuando te baja la glucosa -explica Leigh Gibson, de la Universidad de Roehampton, en Inglaterra- el primer síntoma es confusión, no un cambio en los ritmos vitales".

Pero eso no quiere decir que la recomendación sea consumir dulces a cada momento para mantener el cerebro lúcido. Por el contrario, altos niveles de glucosa en la sangre, lenta e inexorablemente, dañan las células de nuestro cuerpo, incluyendo las neuronas.

Es más, según un estudio de la Universidad de Winsconsin, el cerebro puede reaccionar mal a la abundancia de alimento, generando una respuesta autoinmune asociada a problemas cognocitivos propios del Alzheimer.

Altos niveles de glucosa en la sangre también aumentan la presencia de cortisol, una hormona que en grandes cantidades puede afectar la memoria.

En otras palabras, hay que mantener la glucosa ni muy alta ni muy baja (25 gramos circulando por nuestras venas sería un buen promedio), lo que sugiere mantenernos alejados de los postres.

2. Más veces, porciones más pequeñas

El hábito de tres comidas diarias (desayuno, almuerzo y cena) no es muy adecuado para mantener un promedio de glucosa estable de 25 gramos en la sangre.

Algunos investigadores recomiendan comer con más frecuencia, pero porciones más pequeñas, algo que socialmente nos puede traer inconvenientes, pero no es la única alternativa, como veremos a continuación.

3. Come alimentos con bajo índice glicémico

El índice glicémico es un número que te indica cuánto impacto tiene un alimento en los niveles de glucosa de tu sangre. Un pretzel, por ejemplo, lo aumenta rápido (lo que quiere decir que su índice glicémico es alto). Una zanahoria cruda lo hace lentamente. Es decir, su índice glicémico es bajo.

Los alimentos con bajo índice glicémico aportan glucosa de forma más lenta, manteniendo estable el promedio que necesita el cerebro y ademas, saciando el apetito.

Si bien los carbohidratos presentes en la fibras se "queman lentamente", su asimilación puede hacerse más lenta si se combina con grasas o proteínas.

El pan blanco por ejemplo, tiene un alto índice glicémico, pero si lo combina con carne u otra proteína, su curva baja bastante. Y si aumenta un chorrito de aceite de oliva, mejor todavía.

La clave, como siempre, es una dieta equilibrada entre carbohidratos, proteínas y grasas.

4. Discrimina las grasas

No todas las grasas son iguales. Las "grasas trans" o artificiales, propias de la comida chatarra, son las peores. Las grasas saturadas tampoco son buenas. Las grasas no saturadas son las más sanas.

Las cantidades también son importantes. Ratas alimentadas con altas dosis de grasas saturadas terminan con el hipocampo (lugar donde se forma la memoria de corto plazo) lesionado.

Pero ratas alimentadas con pocas grasas, manteniendo su colesterol muy bajo, resultan depresivas, agresivas y antisociales.

Es decir, eliminar las grasas no es una opción saludable tampoco, hay que buscar el equilibrio.

El famoso Omega 3 parece bueno en el tratamiento de ciertos desórdenes mentales como la esquizofrenia. También parece que favorece el desarrollo del cerebro de los niños.

Sin embargo, los estudios también sugieren que los más beneficiosos son las fuentes naturales de Omega 3. Cuando es artificial (en pastillas) no resulta tan efectivo.

5. Conócete a ti mismo

A pesar de las generalidades, cada cerebro responde ligeramente distinto a los alimentos que consumimos. Los extrovertidos, por ejemplo, son más propensos hacer siestas luego de que almuerzan, mientras que los niños y la gente delgada es más propensa a ponerse gruñona cuando les baja la glucosa, a diferencia de los más gorditos.

Los hábitos alimenticios también influyen. Los que comen poco y hacen mucho ejercicio pueden sobre reaccionar ante un suministro bajo de glucosa (es decir, son más sensibles).

Es su tarea descubrir qué dieta funciona mejor para sus hábitos, peculiaridades y cerebro. Buen provecho.

Información de LiveScience. Edición, versión y traducción de Sophimanía

viernes, 3 de octubre de 2008

Comer calorías en exceso afectaría el cerebro



Comer de más hace que el cerebro trabaje mal y genera un daño que podría causar diabetes, enfermedad cardíaca y otras dolencias, informaron el jueves investigadores estadounidenses.

Consumir mucha comida parece activar aspectos del sistema inmunológico habitualmente dormidos en el cerebro, haciendo que las células inmunes ataquen y destruyan a "invasores fantasma", reveló el equipo de Dongsheng Cai, de la University of Wisconsin-Madison.

El hallazgo, publicado en la revista Cell, podría ayudar a explicar por qué la obesidad causa tantas enfermedades distintas. Esto podría ofrecer además una nueva forma de prevenir la obesidad en sí.

El equipo de Cai trabajó con ratones, buscando explicar los estudios que demostraron que la obesidad causa inflamación crónica en todo el cuerpo. Esa inflamación se encuentra en una serie de dolencias relacionadas con la obesidad, entre ellas la enfermedad cardíaca y la diabetes.

Los expertos analizaron un compuesto conocido como IKKbeta/NK-kappaB. Los macrófagos y los leucocitos emplean este compuesto pero el equipo de Cai lo halló en el hipotálamo, una parte del cerebro relacionada con el metabolismo, tanto en los ratones como en los seres humanos.

"El hipotálamo es el 'centro' de la regulación de la energía", escribieron los autores. El equipo encontró altos niveles del compuesto allí pero estaba normalmente inactivo.

Cuando los investigadores alimentaron a los roedores con una dieta elevada en grasa, el compuestos se volvió extremadamente activo.

Con información de Reuters y AP, Yahoo News

¿Qué es Sophimanía?

Divulgación Científica:
Impulsamos el conocimiento de temas que por coyunturas políticas, pasan a 2do plano. Creemos que solo nuestro instinto por saber, conocer, explorar, cuestionar, construir, ha permitido que nuestra especie ocupe este espacio-tiempo, y por lo que quizás permanezca.

Pensamiento Crítico:
Ver el mundo con ojos nuevos. Rebelarse contra la información estandarizada. No dejarse doblegar por el sistema, la educación pasteurizada o el circuito estético consumista imperante. Ser libre, o lo más libre posible, empezando por tu mente y tu cerebro.

Un blog de Claudia Cisneros