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sábado, 30 de octubre de 2010

Humanos dimos revolucionario 'salto tecnológico' hace 75 mil años


Punta de lanza tecnológica: un bifaz de 75,000
años hallado en Blombos. Foto: Science/AAAS

Parece imposible desenterrar un reproductor de música iPod en una fosa de la Guerra Civil española, pero eso es, más o menos, lo que le ha ocurrido a un grupo de arqueólogos en Suráfrica. Los investigadores han hallado en la pequeña gruta de Blombos (Sudáfrica), en la que vivieron seres humanos hace unos 75,000 años, decenas de herramientas de piedra talladas con la misma técnica empleada por los habitantes de la cordillera Cantábrica hace 20,000 años.

La comunidad científica pensaba que los humanos modernos habían dejado de machacar una piedra contra otra para elaborar sus herramientas hace muy poco, apenas unos milenios antes de que surgieran las primeras ciudades en Mesopotamia, para adoptar la talla por presión, la más avanzada y compleja. Ahora, los investigadores, capitaneados por Christopher Henshilwood, han demostrado que los humanos de Blombos, anatómicamente iguales a nosotros, ya dominaban hace 75,000 años esta tecnología punta, consistente en presionar con un hueso de animal los bordes de una herramienta de piedra, previamente calentada, para hacerla más cortante o puntiaguda. Hoy parece obvio, pero para los cazadores del Paleolítico, acostumbrados a manejar cantos rodados tallados por percusión directa, fue un salto tecnológico brutal.

"La cueva de Blombos es una revolución", explica Paola Villa, coautora del estudio de las herramientas que se publica en la revista Science. "Este hallazgo demuestra que los hombres de Blombos tenían un comportamiento muy moderno, que podían innovar, crear e inventar nuevas técnicas, que pensábamos exclusivas del Paleolítico superior, hace unos 20,000 años", afirma.

Los investigadores aseguran en su artículo que la innovación concedió una ventaja a los Homo sapiens que abandonaron África hace 60,000 años para conquistar el planeta. Sin embargo, la propia Villa, una prehistoriadora italiana en la Universidad de Colorado en Boulder (EEUU), es cautelosa. "Los neandertales [la especie humana que se encontraron los humanos modernos al salir de África] también tenían lanzas con puntas de sílex. No sabemos si esta técnica era una ventaja. Ni siquiera sabemos si hubo conflictos entre neandertales y sapiens. No nos hemos encontrado a un neandertal con una lanza de sapiens clavada en el pecho", bromea Villa.

"Blombos está revolucionando las ideas que teníamos sobre la evolución cultural del ser humano", sostiene el catedrático de Prehistoria de la Universidad Autónoma de Madrid, Javier Baena, ajeno al estudio. En su opinión, el nuevo hallazgo "no es del todo una sorpresa", porque en la cueva surafricana, de apenas 40 metros cuadrados, ya se habían encontrado collares y piezas de ocre con grabados geométricos de la misma época.

Información de Público.es. Resumen de Sophimanía

martes, 3 de agosto de 2010

Conoce a los Hadza, la tribu ¿más moderna o más antigua? del mundo

Foto: Martin Schoeller / NatGeo

"Tengo hambre", anuncia Onwas junto a la hoguera. Es noche cerrada en el corazón de la selva de África oriental. Onwas menciona un árbol que encontró. Está en un lugar difícil, en lo alto de una colina empinada. Sin embargo, prosigue extendiendo los brazos cual ramas, el árbol está repleto de papiones. La información arranca murmullos. Están de acuerdo. Todos se levantan y toman sus arcos para cazar.

Aunque esbelto y musculoso, Onwas es tal vez sexagenario. Mide un metro y medio; en brazos y pecho lleva cicatrices de caza, de mordeduras de serpiente, de escorpiones, de espinas, de flechas, de cuchillos. Cicatrices de caídas de los baobabs; huellas de ataques de leopardos; apenas conserva la mitad de sus dientes. Calza sandalias con suela de neumático y lleva pantalones cortos raídos. De su cintura pende un cuchillo de caza enfundado en piel de dik-dik y se ha quitado la camisa para fundirse con la oscuridad.

Onwas me habla en hadza, lengua que, para mí, tiene un extraño sonido bipolar: por momentos cantarina y suave y luego discordante y percusiva, con chasquidos de lengua. Una lengua que no guarda relación con las hoy existentes: una lengua aislada.

He llegado a su hogar, en el norte de Tanzania, con una intérprete hadza llamada Mariamu. Es sobrina de Onwas. Asistió a la escuela durante 11 años y es una de un puñado de personas en todo el mundo que sabe hablar tanto inglés como hadza. Traduce la pregunta de Onwas: "¿Quiero acompañarlos?".

Foto: Martin Schoeller / NatGeo

No fue fácil llegar a ese campamento tradicional pues los hadza no miden el tiempo; desconocen los años, las horas, los días, las semanas y los meses. No tienen palabras para números superiores a tres o cuatro, de modo que organizar una cita puede resultar complicado.

Pero había contactado el propietario de un campamento turístico, para averiguar si era posible pasar algún tiempo con un grupo de hadzas. El propietario se topó con Onwas y le preguntó. Los hadza son un pueblo gregario, por lo que aceptó de buena gana diciendo que yo sería el primer extranjero que viviría en su campamento.

Prometió enviar a su hijo hasta un árbol específico a orillas de la selva para reunirse conmigo en la fecha programada, tres semanas más tarde. Onwas observó las fases lunares y, cuando le pareció que había transcurrido el tiempo necesario, ordenó al joven que fuera al árbol. Al encontrarme con el muchacho y preguntarle si tuvo que aguardar mucho, me respondió: "No, sólo unos días".

Resultó evidente que mi presencia incomodaba a la mayoría. No me quitaban la vista de encima y algunos reían nerviosamente. Llevaba conmigo un álbum fotográfico y, cuando lo hice circular, se disipó el malestar. Onwas manifestó gran interés en una foto de mi gato. "¿A qué sabe?", me preguntó. Pero fue otra la que les llamó la atención. Me habían retratado durante el chapuzón de osos polares de Año Nuevo, en el momento en que saltaba a un agujero abierto en un lago congelado. Los cazadores hadza pueden parecer temerarios; pero la idea del clima invernal lo horrorizó y echó a correr con la imagen diciendo a todos que yo era un hombre valiente, lo cual contribuyó en gran medida a mi aceptación.

Salimos a cazar. Caminar por territorio hadza en la oscuridad es un reto; el terreno está sembrado de arbustos y acacias espinosas e incluso de día es imposible evitar puntazos, arañazos y pinchazos. Un largo viaje por la selva hadza es como tatuarse el cuerpo poco a poco. Los hadza pasan buena parte del tiempo libre quitándose mutuamente las espinas con las puntas de sus cuchillos.

Foto: Martin Schoeller / NatGeo

Para caminar confiadamente en la selva, a oscuras y sin linterna, es necesario haber desarrollado la familiaridad que se tiene, por ejemplo, con el propio dormitorio. El problema es que este es de 2,500 kilómetros cuadrados, plagado de leones, leopardos y hienas que merodean entre las sombras.

Con todo, el trayecto no representa problema para Onwas, quien ha pasado toda su vida en la espesura. En escasos 30 segundos puede encender una fogata frotando ramas y dirigirse directamente a una colmena abundante. Sabe todo lo que hay que saber de la selva, pero casi nada de lo que hay fuera de ella. Cierta vez le mostré a Onwas un mapamundi. Le pregunté qué sabía de mi país, si conocía el nombre del presidente o de la ciudad capital. Respondió que no; ni siquiera conocía el nombre del dirigente de su nación.

Pregunté entonces si sabía algo de algún otro país. Hizo una breve pausa y de exclamó: “¡Londres!”. Pero no sabía exactamente qué era, sólo que se trataba de un lugar que no estaba en la selva.

Alrededor de mil individuos habitan el territorio hadza tradicional. No producen cultivos ni crían ganado, tampoco construyen viviendas permanentes; viven justo al sur de la sección del valle donde se han encontrado los fósiles de humanos primitivos más antiguos del mundo. De hecho, estudios genéticos sugieren que los hadza podrían representar una de las raíces primarias del árbol genealógico del hombre, posiblemente de más de cien mil años.

Todos los integrantes del género Homo vivieron como cazadores-recolectores durante más de 99% del tiempo desde su aparición, hace dos millones de años. Pero una vez que aprendieron a domesticar las plantas, hubo una reorganización total del orbe y, así, la producción de alimento marchó codo a codo con la creciente densidad poblacional, permitiendo que las sociedades agrícolas desplazaran o eliminaran a los cazadores-recolectores.

El estilo de vida del cazador-recolector se extinguió casi por completo. El surgimiento de la agricultura conllevó un alto precio: epidemias, estratificación social, hambrunas intermitentes y guerras en gran escala. Jared Diamond, escritor y profesor de UCLA, ha calificado a la agricultura como "el peor error en la historia de la humanidad"; un error del que, sugiere, jamás nos hemos recuperado.

Los hadza no son belicosos y nunca han experimentado una densidad poblacional que amenace con un brote infeccioso. Tampoco han padecido hambrunas. Incluso ahora, la dieta de los hadza aún es más estable y variada que la de la mayoría de los habitantes del mundo y disfrutan una extraordinaria cantidad de tiempo libre. Diversos antropólogos calculan que "trabajan" (es decir, buscan alimento activamente) de cuatro a seis horas al día y, a lo largo de todos esos miles de años, apenas han dejado una ligera impronta en el territorio.

Los hadza no tienen posesiones. Sus escasas pertenencias, como una cazuela, un recipiente para agua o un hacha, caben perfectamente en la manta que llevan colgada al hombro. Las mujeres hadza recolectan bayas, frutos de baobab y extraen tubérculos comestibles, mientras que los hombres buscan miel y se dedican a la cacería.

Comen casi cualquier cosa que puedan capturar, desde aves, ñus, cebras y búfalos hasta jabalíes verrugosos, jabalíes de río y damanes. Sin embargo, la carne de papión es considerada una exquisitez y, en broma, Onwas me dijo que ningún hadza puede casarse hasta que haya matado cinco papiones. La excepción principal en su dieta son las serpientes, a las que aborrecen.

Foto: Martin Schoeller / NatGeo

Los hombres untan en las puntas de sus flechas un veneno que preparan hirviendo la savia de la rosa del desierto, que puede derribar una jirafa.

Los grupos hadza son asociaciones informales de parientes, familiares políticos y amigos. Aunque cada campamento incluye algunos elementos nucleares, la mayoría puede ir y venir a placer. No reconocen un líder oficial y los campamentos suelen llevar el nombre del varón de más edad, aunque semejante honor no confiere poderes especiales. La autonomía individual es el sello distintivo y ningún adulto tiene autoridad sobre otro; no tienen ninguna riqueza y no celebran cumpleaños, ceremonias religiosas ni aniversarios.

La gente duerme cuando le place. Algunos permanecen despiertos casi toda la noche y dormitan de día, en las horas de calor. Los horarios de caza más importantes son el amanecer y el ocaso; por lo demás, los hombres suelen permanecer en el campamento enderezando astiles de flechas, tallando arcos, haciendo cuerdas con tendones de jirafas o impalas y clavando cabezas de flecha. Comercian con miel para adquirir clavos y las coloridas cuentas de plástico y vidrio que las mujeres transforman en collares. Y cuando un varón recibe uno como obsequio, el gesto se interpreta como señal de que tiene una admiradora.

No hay bodas. La pareja que duerma junto a una misma hoguera durante algún tiempo puede, a la larga, considerarse casada. La mayoría de los hadza que conocí, tanto hombres como mujeres, eran monógamos seriales que cambiaban de cónyuge cada pocos años. Había un grupo de niños en el campamento, supervisados por la abuela residente, una señora diminuta y jovial llamada Nsalu que dirigía una especie de guardería mientras los adultos se encontraban en la selva. Salvo por los lactantes, me resultó difícil determinar cuáles niños pertenecían a las distintas parejas.

Los roles de sexo están bien definidos, pero las mujeres no se encuentran sometidas a la subordinación. Muchas hadza que hallan pareja fuera del grupo regresan poco tiempo después, resueltas a no ser objeto de malos tratos. A menudo son las mujeres quienes precipitan el rompimiento de las relaciones: pobre del hombre que sea un cazador incompetente o trate a su mujer con dureza.

Onwas sabe de unos 20 grupos hadza que merodean su región intercambiando miembros continuamente, como en una gigantesca contradanza, y la mayor parte de los conflictos se resuelve, simplemente, enviando a los rivales a distintos campamentos. Cuando un cazador vuelve con una presa, debe compartirla con todos los miembros de su comunidad; por esa razón los grupos rara vez son de más de 30 personas, la mayor cantidad que puede saciarse con una o dos presas de buen tamaño.

Nadie duerme a solas en nuestro campamento. Onwas designó como mi acompañante a su hijo Ngaola, el mismo que nos esperó junto al árbol durante unos días y, a su vez, este pidió a su amigo Maduru que nos acompañara. Los tres dormíamos junto al fuego en disposición triangular, pies con cabeza.

Maduru asume la responsabilidad de protegerme durante la excursión nocturna. Nos detenemos al llegar. Hay un intercambio de ademanes con las manos y algunos chasquidos de lengua. No sé qué sucede, pues mi intérprete se ha quedado en el campamento dado que la cacería es una actividad exclusivamente masculina. Maduru me toca un hombro e indica que lo siga. La pendiente es casi vertical (debemos usar las manos para trepar) y los matorrales son tan densos como estropajos de alambre. Las púas hieren mis manos y rostro; un hilillo de sangre me resbala hasta el ojo.

¿Alguna vez has visto de cerca un papión? Tienen dientes diseñados para rasgar la carne y un macho adulto puede pesar más de 35 kilogramos. Pero allí vamos, avanzando cuesta arriba con la intención de provocarlos. Por supuesto, los hadza van armados con arcos y flechas; yo llevo una navaja de bolsillo.

Onwas. Foto: Martin Schoeller / NatGeo

Entonces escucho unos chillidos enloquecidos. Los papiones se han dado cuenta de que algo anda mal. Los papiones están rodeados y parecen presentirlo.

Los chillidos se intensifican y de repente, justo sobre nosotros, aparece un papión. Maduru se levanta, apunta y sigue los movimientos del animal de izquierda a derecha, con la flecha asegurada y tensando al máximo la cuerda del arco. Sujeto firmemente la navaja.

La razón principal de que los hadza hayan podido conservar su estilo de vida durante tanto tiempo es que el territorio que llaman hogar nunca ha sido un lugar acogedor. La tierra es salobre, escasea el agua dulce y los insectos son insoportables. Es como si nadie más hubiera querido establecerse allí en decenas de miles de años; por eso están solos.

Con todo, la reciente presión del incremento poblacional ha desatado una oleada de nuevos colonizadores y el hecho mismo de que sean un pueblo que cuida la tierra les ha perjudicado, pues los fuereños consideran que aquella vasta extensión está vacía y desaprovechada; un lugar que clama por desarrollo. Y los hadza, de naturaleza pacífica, casi siempre han optado por emigrar en vez de luchar. Pero ahora ya no tienen adónde ir.

Los pozos de agua se han contaminado con excremento vacuno, el ganado ha pisoteado la vegetación, los agricultores han desmontado la selva para sembrar y utilizan la escasa agua disponible para irrigar sus cultivos. Los animales de presa han emigrado a los parques nacionales donde los hadza no pueden seguirlos. Los sotos de bayas y los árboles que atraen a las abejas han sido destruidos. En el último siglo, los hadza han perdido la posesión exclusiva de hasta 90 % de su tierra.

Muchos desprecian a los hadza y los tratan con una mezcla de compasión y repulsión. En cierta ocasión vi que un datoga mantenía a raya a varias mujeres hadza que deseaban aproximarse a un pozo comunal, obligándolas a esperar a que sus vacas acabaran de abrevar.

La mayoría de los hadza han aprendido algo de swahili para comunicarse con otros grupos. El mismo Onwas presiente que se avecinan grandes cambios, pero eso no parece preocuparle. Como me ha dicho en varias ocasiones, no teme al futuro; nada le perturba. De hecho, ninguno de los hadza con los que tuve contacto mostraba tendencia a la preocupación. Y ese estado mental me sorprendió sobremanera pues esta etnia tiene muchas razones para inquietarse. Aun así, llevan una existencia asombrosamente arraigada en el presente.

Tanzania es una nación futurista y un bosquimano que caza papiones no es precisamente la imagen que los líderes del país desean proyectar. Un ministro ha descrito a los hadza como retrógrados, mientras que Jakaya Kikwete, presidente de Tanzania, ha declarado que los hadza “deben ser transformados” y, con tal fin, su gobierno insiste en darles escolaridad, viviendas y empleos convencionales.

Los niños del campamento de Onwas me dijeron que no tenían el menor interés en ir a sentarse en un salón de clases. Si asistían a la escuela, argumentaron, jamás aprenderían las destrezas indispensables para sobrevivir y se convertirían en marginados de su pueblo. Y si probaban suerte en el mundo moderno, ¿entonces qué? Las mujeres terminarían como sirvientas y los hombres, desempeñando algún trabajo de poca importancia. Por esa razón, insistieron, su libertad y poder alimentarse de la selva eran preferibles a una existencia de desamparo y hambre en la ciudad.

Foto: Martin Schoeller / NatGeo

Al cabo de dos millones de años, la era del cazador-recolector llega a su fin. Los hadza quizá se aferren a su lengua; tal vez muestren sus habilidades a los turistas, pero sólo es cuestión de tiempo para que desaparezcan los hadza tradicionales.

Sobre la colina hay unos momentos de silencio; luego escucho un gañido y el ruido de algo que cae. Me llega del lado más apartado de la roca y no sé si fue un humano o un papión. Son ambos. A trompicones y casi corriendo, nos abrimos paso entre los arbustos y llegamos a un claro en un soto de acacias.

Allí está: un papión tendido de espaldas, con el hocico abierto y las extremidades extendidas. Giga lo ha derribado. Onwas se arrodilla y saca la flecha del hombro del papión, devolviéndola a Giga. Los hombres forman un círculo alrededor del cuerpo para observar la presa. No hay ceremonia alguna. Parece que en sus vidas no hay lugar para el misticismo, los espíritus o para reflexionar en lo desconocido. No tienen una creencia específica en el más allá: todos los hadza con quienes hablé confesaron no tener la menor idea de lo que sucede después de la muerte. Entre ellos no hay sacerdotes, chamanes o médicos brujos. En una ocasión le pedí a Onwas que me hablara de Dios y su respuesta fue que Dios poseía una brillantez cegadora, en extremo poderosa y esencial para toda forma de vida. Dios, me dijo, era el sol.

La tradición hadza dicta que el cazador victorioso no debe alardear, pues el resultado de una cacería depende en buena medida de la suerte y aun los mejores arqueros pueden pasar por una larga racha de poca productividad. Por eso comparten la carne con la comunidad.

Mille, la esposa de Onwas, es la primera en despertar. Cuando ve el papión, mueve la barbilla en un sutil gesto de aprobación y atiza el fuego. Ngaola despelleja el papión estirando la piel con unas varas aguzadas; en pocos días se habrá secado y será una estupenda colchoneta para dormir. Un par de hombres descuartizan el animal y distribuyen los trozos de carne. Onwas, el anciano del campamento, recibe la porción más suculenta, la cabeza.

La carne se coloca directamente en el fuego. La hora de comer no es momento de cortesías. No hay espacios personales y, sin importar cuántas personas se encuentren en torno al fuego, siempre habrá lugar para alguien más, aunque deba sentarse en el regazo de otro. Una vez que una pieza de carne se ha terminado de cocinar, todos pueden arrebatar un pedazo. Los codazos y empellones son la regla. Usan rocas para romper los huesos y succionar la médula, y se frotan la grasa para humectar la piel. Nadie cruza palabra, pero el sonido de bocas que mastican y dientes que entrechocan resulta casi cómico.

Con el cráneo del papión en el fuego, Onwas empieza a relatar la historia de la cacería de jirafas, una de sus favoritas. Es un estupendo histrión. Mientras las mujeres cantan, los hombres cuentan historias alrededor de las fogatas en una especie de kabuki selvático.

Onwas estira el cuello y se desplaza a gatas para representar el papel de la jirafa. Salta, se agacha y hace como si disparara su arco mientras relata la aventura. Vuelan flechas, las fieras rugen. Los niños corren hacia nosotros y se quedan de pie, escuchando con atención; esta es su educación. La historia concluye con la jirafa muerta y, como gran final, un reclamo y su respuesta.

"¿Soy un hombre?", pregunta Onwas, alargando las manos hacia nosotros. "¡Sí! –responde el grupo–. Eres un hombre".

Foto: Martin Schoeller / NatGeo

Entonces Onwas mete las manos en el fuego y extrae el cráneo. Lo abre de un tajo y muestra los sesos que se han cocido. Parece una sopa de fideos. Tiende el cráneo hacia los hombres y todos nos abalanzamos para meter los dedos y sacar un puñado de sesos que sorbemos con avidez. Así concluye la velada.

Al parecer, la cacería del papión fue una especie de iniciación para mí: Nyudu corta una gruesa rama para tallar un arco que luego me obsequia. Otros hacen mis flechas, Onwas me regala una pipa y Nkulu se hace cargo de mis lecciones de tiro. A partir de entonces, voy a todas partes con mi arco, mis flechas y mi pipa (por no hablar de mi equipo purificador de agua, mi bloqueador solar, el repelente de insectos y la tela para limpiar mis gafas).

También me invitan a bañarme con ellos. Caminamos hasta una fosa somera y fangosa donde flotan excrementos de vaca, y nos quitamos la ropa. Nos frotamos con puñados de barro para exfoliar la piel y nos enjuagamos con agua. Ahora bien, aunque los hadza tienen un vocablo para el olor corporal, los hombres prefieren que sus mujeres no se bañen pues, afirman, cuanto más tiempo transcurra entre un baño y otro, más atractivas se vuelven.

Descubro también que las disputas conyugales son, muy posiblemente, un rasgo humano universal. "¿No es tu turno de ir por agua?", "¿Por qué tomas la siesta en vez de irte a cazar?", "¿Quieres explicarme por qué despellejaron tan mal el último animal que trajeron al campamento?" discute una pareja. Sus intercambios me dan la impresión de que esas mismas discusiones se han repetido durante miles de años en el mismo valle.

Envidio algunas cosas a los hadza, en especial su aparente libertad. Viven libres de posesiones, de obligaciones sociales, de restricciones religiosas, de muchas responsabilidades familiares. No deben someterse a horarios, empleos, jefes, facturas, tráfico, leyes, noticias y dinero. Viven libres de preocupaciones, libres para eructar y ventosear sin tener que disculparse, para agarrar comida, fumar y correr sin camisa entre las zarzas.

Pero nunca podría vivir como ellos. Para mí, su existencia es una excursión increíblemente peligrosa. Carentes de ayuda médica inmediata, una mala caída de un árbol, la mordedura de una mamba negra o el ataque de un león y se acabó. Las mujeres se acuclillan en la selva para dar a luz; la quinta parte de sus recién nacidos muere durante el primer año y casi la mitad de todos los niños no llega a los 15. Tienen que resistir un calor extremo, padecer frecuentemente de sed y soportar el incesante ataque de moscas tse-tsé y mosquitos portadores de malaria.

Y a pesar de todo, los días que compartí con ellos cambiaron mi percepción del mundo, infundiéndome algo que podría llamar el "efecto hadza"; me volvieron más apacible, más consciente del momento presente, más autosuficiente, valeroso y menos dispuesto a vivir con prisas. Confieso que el tiempo vivido como hadza me hizo más feliz.

Mi cuerpo fue lo que me indicó que había llegado la hora de salir de la selva. Había sufrido mordeduras, golpes, insolaciones, malestares gástricos y estaba exhausto. Por ello, luego de dos semanas, anuncié a todos que tenía que partir.

La reacción fue mínima, pues los hadza no son sentimentales ni acostumbran prolongadas despedidas. Ni siquiera la muerte es capaz de causar un alboroto. Se limitan a cavar un agujero y depositan el cuerpo en él. No hay quien haga una tumba convencional u organice un funeral. Sólo arrojan un puñado de varas secas en el hoyo y siguen su camino.

Escrito por Michael Finkel para National Geographic. Resumen de Sophimanía

martes, 27 de julio de 2010

México: Revelan el rostro de una mujer de la era del hielo


Foto: INAH

De acuerdo a patrones establecidos por antropólogos físicos mexicanos, reconstruyeron en Francia el aspecto físico de La Mujer de Las Palmas, quien vivió en la Era de Hielo, hace 10 mil años, y cuyo esqueleto fue hallado en una cueva inundada cercana a Tulum, Quintana Roo.

Video: INAH

El esqueleto de La Mujer de Las Palmas es uno de los tres más antiguos de América, y fue extraída en 2002 por especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), como parte del Proyecto Atlas Arqueológico para el Registro, Estudio y Protección de los Cenotes de la península de Yucatán, desarrollado por el INAH.

Imágenes: INAH

La escultura de cuerpo completo ofrece una aproximación de las características que pudo tener: era de un individuo del sexo femenino, entre 44 y 50 años al momento de morir, con 152 centímetros de estatura y un peso de 58 kilogramos.

La reconstrucción de la mujer de Las Palmas está visible al público en la exposición 390 ppm. Planeta alterado. Cambios climáticos y México, en Guanajuato.

Información de INAH. Resumen de Sophimanía

jueves, 10 de junio de 2010

Gorilas hembras se abrazan efusivamente al conocerse


Fotos: Dailymail

Ocurrió en el zoológico de Melbourne, Australia, cuando la gorilas Johari (de diez años) conoció a Mbeli, una gorila de seis, recién llevada al parque.

Los gorilas, como otros simios, practican ciertas "normas de etiqueta" o "ritos" (girar sobre sí mismos, golpearse el pecho, etc) en diversas circunstancias de sus vidas, ritos que reafirman los lazos sociales o establecen jerarquías.

Foto: Dailymail

Pero ha llamado la atención los curiosos saludos entre Mbeli y Johari, que fueron más allá del abrazo "convencional" que damos los humanos hacia formas más "creativas", como lo hacen ver estas fotos. Luego de los efusivos abrazos, Mbeli pudo integrarse fácilmente con el resto del grupo.

El estudio de los simios demuestra, cada vez más, que muchos de los sentimientos, costumbres y comportamientos que los humanos sentimos como propios, pueden ser en realidad expresiones heredadas de etapas evolutivas muy anteriores.

Pablo Vásquez para Sophimanía con información de Dailymail

Hallan zapato más antiguo de Eurasia: tiene 5,500 años

Como los que usa Asterix. Foto: EFE

El zapato más antiguo del Viejo Mundo (Eurasia) data de hace 5,500 años, es de pequeño tamaño y ha sido encontrado por un equipo internacional de arqueólogos en una cueva en Armenia, cerca de la frontera de este país caucásico con Irán y Turquía.

"Se ignora si perteneció a un hombre o a una mujer" ya que pese a ser de una talla 37 europea (una 7 de mujeres en EEUU) "podría servir para un hombre de esa época", afirma el arqueólogo israelí Ron Pinhasi, del University College de Cork (Irlanda), autor principal de un estudio sobre el hallazgo, publicado hoy en la versión digital de la revista científica PLoS ONE.

La zapatilla, hecha de una sola pieza de cuero para ajustarse a un pie derecho, fue descubierta en perfecto estado de conservación en 2008 por una estudiante de arqueología armenia, Diana Zardaryan, en la cueva de Areni, en la provincia de Vayots Dzor.

Según los análisis realizados sobre varias muestras por tres laboratorios de radiocarbono en el Reino Unido y EEUU, data de alrededor de 3500 a.C, del periodo calcolítico o Edad del Cobre.

Esto lo convierte en el zapato más antiguo hallado en el Viejo Mundo, ya que supera en dos centenares de años a los que utilizó el "hombre de hielo", el famoso Oetzi que fue descubierto momificado en un glaciar entre Italia y Austria en 1991.

El calzado más antiguo conocido hasta la fecha son unas sandalias de fibra y cuero halladas en la cueva de Arnold Research en Misuri, en EEUU, y que tienen unos 8,000 años de antigüedad, explicó a Efe Pinhasi.

Los expertos sospechan que el ser humano ya utilizaba calzado hace unos 30,000 años, pero se basan sólo en los cambios observados en el esqueleto del pie y no en pruebas directas, agregó. El científico subrayó el buen estado de conservación del zapato encontrado en Armenia, de 24,5 centímetros de largo y entre 7,6 y 10 de ancho, gracias a las condiciones ambientales estables de la cueva y a la presencia en el suelo de una gruesa capa protectora de excrementos de oveja.

En el interior de la zapatilla había hierba seca, cuya función se desconoce, aunque podría haber servido para mantener el calor del pie o la horma del zapato. Y también fueron encontrados en la cueva varios recipientes de madera con restos de plantas, fibras, frutas y cereales. Los arqueólogos ignoran el por qué de la presencia de todos estos objetos en la cueva o para qué era utilizada ésta.

"Sabemos que hay tumbas de niños en la parte posterior de la cueva, pero se sabe tan poco sobre este periodo que no podemos decir con certeza por qué fueron hallados juntos todos estos objetos", señaló el investigador.

Según Pinhasi, hay una gran similitud entre la técnica de fabricación y el estilo de este zapato y los de otros descubiertos en periodos posteriores en Europa, lo que indica que este tipo de calzado fue empleado durante miles de años en una zona muy extensa y de gran biodiversidad.

Información de EFE. Resumen de Sophimanía

sábado, 10 de abril de 2010

Hallazgo de "primo desconocido" revela nuevos aspectos de la evolución humana


Dientes más "humanos", otra característica significativa. Foto: Science

Dos esqueletos de simios desconocidos, de cerca de dos millones de años de antiguedad, fueron desenterrados en Sudáfrica. Los científicos creen que pueden representar la transición de los monos hacia los humanos modernos. Los fósiles tienen características tanto humanas como simias y los investigadores los han bautizado como Australopithecus sediba.

"Estos fósiles nos dan una mirada extraordinariamente detallada dentro de un nuevo capítulo de la evolución humana, una ventana al periodo crítico en el que los homínidos dejaron los árboles para vivir en sobre la tierra" ha dicho Lee R. Berger, de la Universidad de Witwatersrand (Sudáfrica). "El Australopithecus sediba presenta un conjunto de características que demostrarían que estaba a gusto tanto en los árboles como sobre tierra".

Video: Revista Science

Estos fósiles tendrían una antiguedad de entre 1.95 y 1.78 millones de años (posteriores a "Lucy" en un millón de años aproximadamente). Algunos periodistas preguntaron si podrían ser el "eslabón perdido", pero los científicos aclararon que este concepto, desde hace décadas, no se considera algo científico.

Se hablaba de "eslabones perdidos" cuando recién se comenzó a hallar fósiles relacionados con la evolución humana, pero luego, a la luz de la complejidad de las ramificaciones y líneas paralelas en la evolución, esa idea ha sido descartada.

Estos dos nuevos fósiles fueron hallados en una cueva y sus huesos fueron preservados por el sedimento. Un esqueleto corresponde a una mujer que al momento de morir pudo haber tenido entre 20 y 30 años. El otro es un pequeño de entre 8 y 9 años. Ambos tenían 1.27 metros de estatura. La hembra pesaba unos 33 kilos mientras que el pequeño unos 27.

Sus cerebros tenían entre 420 y 450 centímetros cúbicos, lo cual significa que eran pequeños en comparación con nuestros cerebros actuales (que anda entre los 1,200 y 1,600 cc). Los huesos de las piernas les permitían caminar como humanos, pero los huesos de los brazos también sugieren que podían trepar fácilmente a los árboles. Berger también señaló que este hallazgo sugiere que la transición en esta línea evolutiva ocurrió en etapas muy lentas.

Información de AP. Versión, edición y traducción de Sophimanía

martes, 10 de noviembre de 2009

Diez cosas que no sabes de tu propio cuerpo


Estamos tan acostumbrados a ser y mirar cuerpos que hemos desarrollado un sesgo a la hora
de evaluarnos. Una mirada "fuera de la caja" ayuda a entendernos mejor. Foto: Gaycondo


1) Tripa corrosiva. En el estómago llevamos ácido hidroclórico, un poderoso veneno que bien podría ser de uso restringido de no ser porque lo necesitamos para disolver los alimentos. En la industria es usado para tratar metales como el hierro y el acero. Pero no puede contra la mucosa de nuestro estómago.

2) Recuerda la postura. Los recuerdos están integrados al resto de nuestros sentidos (sonidos, olores, sabores), lo que incluye la posición de nuestros cuerpos al momento en que tuvimos la experiencia que hoy queremos recordar. Si el recuerdo nos evade, al menos asumamos la postura. Probablemente hará que recordemos.

3) Los huesos se rompen para balancear los minerales. Los huesos no solo nos sostienen, también ayudan a regular los niveles de calcio y fósforo de nuestro organismo. Cuando les falta (porque se orientan más a los músculos y nervios por ejemplo) se activan ciertas hormonas que microfracturan los huesos, a fin de que el cuerpo se preocupe por mandarles el calcio necesario.


4) La mayor parte de las calorías que comemos son para pensar. Nuestro cerebro pesa el dos por ciento de nuestro cuerpo, pero se lleva el 20 por ciento de los recursos energéticos (como EEUU en el mundo).

5) La inmensa mayoría de óvulos femeninos se destruirán con la menopausia. Al inicio de su vida sexual, una mujer tiene unos 34 mil óvulos en proceso de madurar. A lo largo de su vida expulsará unos 350 (uno por mes aproximadamente). El resto serán destruidos por el cuerpo al dejar de ovular.


El arte nos ayuda a tomar distancia de nuestras propias virtudes y defectos. Foto: Braistorming

6) Sabemos que los adolescentes están "locos", pero no lo están por "falta de madurez" ni por falta de "experiencia". Lo están porque sus cerebros no han terminado de afinar sus redes neuronales. Mientras este proceso termina, los adolescentes están sujetos cambios emocionales severos (de la euforia a la apatía) y su capacidad de tomar decisiones no es la mejor. Algo que no cambia con "sermones" ni "charlas".

7) No es solo por gravedad, los mocos salen de la nariz expulsados por unos pelitos llamados "cilios", los mismos que ayudan a la digestión de alimentos.

8) Nuestro cuerpo no es el "producto final y acabado" expresión un "diseño perfecto". No. Apenas es una solución precaria, aproximada y cambiante frente a un entorno dinámico. Algunas características están ahí no porque las necesitemos ahora, sino porque las heredamos de épocas en que sí eran necesarias. Por eso tenemos muelas del juicio. En su momento eran útiles para mascar carne. Al crecer nuestro cerebro y cambiar nuestra mandíbula, quedaron fuera de uso. Su utilidad actual es hacerle ganar dinero a los dentistas.

9) Algunos comportamientos son contagiosos: la risa, el bostezo, el vómito, etc. Todos ellos se fundan en la mímica social, un factor muy importante para aprender a vivir (y vivir) en sociedad. La mímica es involuntaria, pero sirve para crear mejores lazos sociales con el grupo.

10) Tu piel tiene cuatro colores. No importa tu fenotipo ni tu etnia, si miras con cuidado tu propio cuerpo descubrirás zonas con distinto color de piel: amarillo, negro, blanco y rojo.

Información de LiveScience. Versión, edición y traducción de Sophimanía

domingo, 25 de octubre de 2009

Homo sapiens tuvimos sexo con neandertales


¿Cuasimodo de Nuestra Señora? No. Uno de nuestros extintos primos
neardentales, cuyo genoma quizás todavía sobreviva en nuestras células.
Imagen: YahooNews

El profesor Paabo, director de genética del renombrado instituto Max Planck, hizo el anuncio en Nueva York: los humanos tuvimos sexo con los neandertales. Pero no está claro todavía si esas uniones tuvieron descendientes.

El sexo entre especies distintas generalmente no tiene descendientes. Y cuando los tiene, como en el caso del cruce entre el caballo y el asno o el león y el tigre, la cría es estéril.

Pero si hubo hijos entre humanos y neardentales, y esos hijos no era infértiles, entonces su genoma y el nuestro se unieron para hacernos tal como somos ahora.

Para dar una respuesta definitiva a ese enigma hay que secuenciar el genoma de los neandertales con mayor precisión y compararlo con el nuestro actual. Hasta el momento esas comparaciones han dado negativo o no han sido concluyentes.

Los neandertales y nosotros compartimos el planeta hace unos 30 mil años. Esa convivencia duró unos doce mil años, hasta que ellos se extinguieron por razones que todavía se debaten.

El profesor Paabo está intentando descifrar si parte del genoma neandertal todavía sigue -aunque muy diluido- con nosotros.

Información de Telegraph.co.uk. Versión, edición y traducción de Sophimanía

martes, 18 de noviembre de 2008

Nuevos indicios avalan origen prehistórico de la familia

¿Retrato de familia de cinco mil años? Fuente: Kopalniawiedzy

Un entierro de la Edad de piedra descubierto en Alemania central ha aportado más evidencia a la tesis de que la familia es una creación muy temprana en la historia de la humanidad.

El sepulcro, de unos 4,600 años de antigüedad, confirmó -mediante pruebas de ADN- que sus cuatro integrantes estaban relacionados como padre, madre e hijos.


Familia egipcia. Fuente: Internet

"Su unidad en la muerte sugiere que estuvieron unidos durante la vida" ha propuesto uno de los investigadores en la Academia de Ciencias de ese país.

Las herramientas y otros objetos de la Edad de piedra han sido bastante estudiados, pero se sabe muy poco de cómo eran sus relaciones sociales.

El hallazgo hecho en Alemania central es la más fuerte evidencia genética que se tiene hasta la fecha sobre la temprana formación de la familia nuclear clásica.

La sagrada familia. Fuente: Internet

Los investigadores analizaron los restos de cuatro entierros múltiples, similares y provenientes de la misma era, hechos en la zona de Eulau, Sajonia-Anhalt.

Además del ADN, en análisis de los huesos y sus lesiones indica que varios de ellos murieron de manera violenta, lo que sugiere que la familia murió al mismo tiempo, víctima de un ataque con piedras, y que posteriormente fueron enterrados por sus parientes sobrevivientes.

Otro entierro muestra niños hermanos, enterrados junto a una mujer que no era su madre biológica, lo que también sugiere que había otro tipo de vínculos, surgidos no de la biología sino -posiblemente- de la convivencia o parentescos más lejanos.

La ciencia "confirma existencia" de los Picapiedra. Fuente: Hanna&Barbera

Finalmente, un análisis del estroncio presente en los dientes de las mujeres demostró que ellas se criaron en una zona distinta de donde murieron, lo que sugiere que grupos diversos podían universe, aminorando así los riesgos inherentes a la endogamia y fomentando las relaciones pacíficas entre los diversos grupos.

Información de AP. Edición y traducción de Sophimanía

¿Qué es Sophimanía?

Divulgación Científica:
Impulsamos el conocimiento de temas que por coyunturas políticas, pasan a 2do plano. Creemos que solo nuestro instinto por saber, conocer, explorar, cuestionar, construir, ha permitido que nuestra especie ocupe este espacio-tiempo, y por lo que quizás permanezca.

Pensamiento Crítico:
Ver el mundo con ojos nuevos. Rebelarse contra la información estandarizada. No dejarse doblegar por el sistema, la educación pasteurizada o el circuito estético consumista imperante. Ser libre, o lo más libre posible, empezando por tu mente y tu cerebro.

Un blog de Claudia Cisneros