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jueves, 6 de octubre de 2011

Perú y el Smithsonian acuerdan promocionar el Camino Inca


La ministra de cultura, Susana Baca, junto al secretario general del Instituto
Smithsoniano, tras la firma del acuerdo. Foto: Sophimanía

El Ministerio de Cultura y el Instituto Smithsoniano de Estados Unidos firmaron un convenio que beneficiará diversas actividades culturales peruanas. El Smithsonian Institute es el complejo más grande de museos y de investigación del mundo. Financiado por el gobierno de los EEUU, el Smithsonian administra 19 museos y 9 centros de investigación.

Dos millones de personas visitan cada año la red de museos del
Smithsonian Institute. Washington DC Foto: Gardens.si.edu

El acuerdo, firmado el 6 de octubre por el Ministerio de Cultura del Perú y el Smithsonian, implica la colaboración en la investigación y promoción de diversas actividades culturales peruanas, entre ellas la exhibición del Qhapac Ñam o Camino Inca, gran red de vías de comunicación que parte del Cusco y que llega hasta diversos países de latinoamérica.

De hecho este año se llevaron a cabo cuatro transmisiones en vivo en las que el mundo entero pudo comunicarse con el grupo de investigadores multinacionales, ingenieros y arqueólogos que se encuentran trabajando en los orígenes y la ingeniería del Camino Inca.

En la ceremonia de firma del acuerdo, que se realizó en la Sala Nazca del Museo de la Nación de Lima, Perú, estuvo presente el arqueólogo peruano e investigador del Smithsonian Institute, Ramiro Matos. Matos es un especialista del Museo Nacional del Indio Americano, en Washington, y pieza clave en las relaciones entre el Perú y el Smithsonian.

Pieza inca de la colección del Smithsonian que cuenta con
136 millones de bienes. Foto: Americanindian.si.edu

El convenio incluye asistencia y cooperación por parte del Smithsonian a proyectos de intercambio de profesionales y estudiantes, asesoría para la conservación de Machu Picchu y facilidades para que piezas prehispánicas peruanas visiten museos de la red del Smithsonian y viceversa.

Smithsonian, la revista, se publica mensualmente, así como también
la revista Air and Space sobre aeronáutica y el espacio.

Sophimanía con información del Ministerio de Cultura

sábado, 1 de octubre de 2011

Suecia devolverá al Perú mantos Paracas sacados irregularmente


Foto: Fueradelperu.blogspot.com
Un primer lote de 20 textiles de un total de 89 de la cultura Paracas, en poder de la alcaldía de Gotemburgo, sería devuelto por Suecia al Perú, tras las coordinaciones que realizan las autoridades peruanas, informó hoy el Ministerio de Cultura.

El viceministro de Patrimonio Cultural e Industrias Culturales, Javier Luna Elías, indicó que una misión de especialistas viajó hace dos semanas a Gotemburgo para evaluar las condiciones en que se encontraban las piezas que salieron de manera clandestina de Perú hace 70 años.

Foto: Fueradelperu.blogspot.com

Precisó que el Gobierno peruano ha solicitado a las autoridades de alcaldía de Gotemburgo la devolución de 89 textiles, de acuerdo a una lista que les fue remitida por el Ministerio peruano de Relaciones Exteriores.

"Los especialistas que viajaron han hecho un inventario pormenorizado de los textiles. Así, sabemos que de los 89 hay 20 textiles que tienen calidad extraordinaria, y la intención es que estos sean los primeros en retornar al Perú", declaró a la Agencia Andina.

Luna calificó de "óptimas" las conversaciones que se han sostenido con la autoridades de Gotemburgo, quienes han mostrado el mejor ánimo de devolver el patrimonio cultural, con unos 2,300 años de antigüedad.

Foto: Fueradelperu.blogspot.com

El Ministerio de Cultura ha elaborado el informe técnico sobre el tema y lo ha elevado a la Cancillería para que, a través de su Departamento de Cultura, se disponga el trámite para la repatriación del patrimonio cultural peruano.

Luna Elías dijo que los textiles se encuentran en perfecto estado de conservación gracias al uso de tecnología de punta por parte de la alcaldía de Gotemburgo.

"Es tal la calidad y la importancia para el mundo que tienen los textiles Paracas, que cualquier fragmento toma el nombre de manto. Cualquier fragmento de un manto Parcas es digno de reverencia", subrayó.

Entre las piezas textiles hay una simbólica, la cual tiene la forma de un pañuelo, que mide 30 centímetros de largo por 30 de ancho, y en cuyo contorno hay un bordado de piñas.

Información de Andina. Resumen de Sophimanía

lunes, 2 de mayo de 2011

Gracias al GPS hallan en Guatemala ciudad maya escondida


Desde hace años la doctora Kathryn Reese-Taylor se dedica
a investigar las culturas prehispánicas centroamericanas.
Foto: U. de Calgary

Podemos decir que, en ocasiones, los dispositivos de localización GPS salvan de cualquier apuro a los usuarios, pero esta vez su uso ha ido más allá. En Guatemala, un grupo de arqueólogos ha encontrado una ciudad de la civilización maya gracias a uno de estos dispositivos.

Según recoge National Geographic se han descubierto un centenar de antiguos edificios que han estado ocultos durante ocho siglos en medio de una gran vegetación, prácticamente impenetrable, gracias a un mapeo tridimensional realizado mediante GPS y mediciones electrónicas que han permitido obtener un mapa de la pirámide que se encontraba detrás de la vegetación.

Los arqueólogos han realizado diversas mediciones de las elevaciones de la zona y mediante GPS los datos se fueron convirtiendo en un detallado mapa tridimensional.

Situada a unos 35 kilómetros al sur, la pirámide de Holtun o Cabeza de Piedra, tenía un tamaño menor a las más conocidas grandes capitales de esta antigua civilización y en palabras de Kathryn Reese-Taylor, especialista en el período preclásico maya de la Universidad de Calgary (Canadá) "esto no sería nueva York o Los Ángeles sino más bien Atlanta o Denver".

Con un tamaño de un kilómetro de longitud, calcula que estaría habitada por unas 2,000 personas y que surgió entre los años 600 a.C. y 900 d.C.

Información de ElMundo.es. Resumen de Sophimanía

martes, 15 de febrero de 2011

Google Art Project: Visita los principales museos del mundo... ¡Ahorita!

El recorrido virtual te permite "caminar" por los pasillos, leyendo también
los carteles explicativos. Aquí estamos por ejemplo en el Museo de Vincent
Van Gogh. Imagen: Google

Desde este mes, Google ha puesto en línea el "Google Art Project", una web gratuita que permite a cualquier usuario de Internet del mundo visitar los diecisiete museos de arte más importantes del planeta (con la sensible -y confiamos que temporal- ausencia del Louvre y El Prado).

A la manera de "Google Earth", pero aplicada a recorridos virtuales por los principales museos del mundo, uno puede, literalmente, recorrer cada pasillo con la tecnología "street view" y acercarse a las pinturas y objetos artísticos con un nivel de detalle literalmente asombroso.

Las obras están a una resolución de... ¡Siete mil millones de pixeles!, una definición que supera en miles de veces a la obtenida con cámaras de fotos promedio, y eso sin considerar la calidad en el registro del color y la textura.

Partimos de una visión general. Por ejemplo "La habitación de Vincent
Van Gogh". Foto: Google

Es como poder poner bajo el microscopio cada una de las obras maestras contenidas en estos museos, algo que para la mayoría nos puede parecer innecesario, pero que para artistas, estudiantes de arte e historiadores es una herramienta invalorable para apreciar las técnicas y estilos de los más grandes maestros de la pintura.

Paralelamente, videos colgados en YouTube brindan explicaciones de las obras hechas por historiadores del arte y otros especialistas.

Impresionante nivel de detalle con el que se puede apreciar cada obra.
Imagen: Google

Google ha financiado el proyecto, que ha tardado año y medio en ponerse en línea, gracias al trabajo de empleados de la propia empresa inscritos en los llamados "proyectos 20 por ciento" del gigante informático.

Se trata de un programa de incentivos que permite a sus empleados invertir una parte de su jornada laboral en proyectos que con el tiempo pueden convertirse en un producto rentable para la compañía.

Por supuesto, estas visitas virtuales no reemplazan la experiencia única asociada a un recorrido real, ni una interacción "in situ" con una obra maestra del arte. Sin embargo, sí permiten un acercamiento superior y una experiencia más rica que las que se pueden llegar con una reproducción fotográfica impresa en un libro de arte.

Los museos que se pueden visitar actualmente y desde tu computadora son:
The State Hermitage MuseumSt.Petersburg
The Frick CollectionNew York City
Van Gogh MuseumAmsterdam
Museo Thyssen - BornemiszaMadrid
Uffizi GalleryFlorence
Museo Reina SofiaMadrid
Tate BritainLondon
National GalleryLondon
Alte NationalgalerieBerlin
RijksmuseumAmsterdam
Palace of VersaillesVersailles
MoMA, The Museum of Modern ArtNew York City
GemäldegalerieBerlin
Museum KampaPrague
Freer Gallery of Art, SmithsonianWashington, DC
The Metropolitan Museum of ArtNew York City
The State Tretyakov GalleryMoscow

Enlaces relacionados

Información de Google. Resumen y versión de Sophimanía

lunes, 14 de febrero de 2011

Objetos de Tutankamón desaparecen del Museo Egipcio


Estatuas desaparecidas durante disturbios. Fotos: ElPaís.com

Al final resulta que sí ha habido robos y no solo destrozos en el Museo Egipcio de El Cairo a raíz del asalto del pasado 28 de enero, e importantes. Según un nuevo inventario, varios objetos de gran valor han desaparecido, entre ellos dos estatuas de madera dorada del ajuar de Tutankamón y algunas piezas del período de Amarna -el del faraón Akenatón-, incluida la cabeza de una princesa en arenisca, una estatua en caliza del propio rey hereje portando una bandeja de ofrendas y otra de la reina Nefertiti y otra más de un escriba (recuérdese que una de las obras emblemáticas del Antiguo Egipto y precisamente centro de polémica por su posesión por Alemania es de esta época y estilo: el busto de Nefertiti).

El asalto al museo no fue tan desorganizado ni falto de criterio como el responsable de antigüedades de Egipto, Zahi Hawass, ha sostenido hasta ahora. El robo de algunas piezas muy selectas, como las de Amarna, indica que los ladrones sabían muy bien qué querían llevarse y dónde se encontraban esas obras concretas.

Son el sueño de cualquier coleccionista sin escrúpulos. Lo que no se entiende muy bien es por qué Hawass ha sostenido durante tantos días la versión de los asaltantes descerebrados y ha negado que se produjeran robos sino solo destrozos vandálicos. Es inverosímil que Hawass, el director y los conservadores del museo no se hayan dado cuenta desde el principio de que habían sido sustraídas esas piezas tan importantes.

Las salas de Tutankamón y las de Amarna están entre las primeras que cualquiera supervisaría tras un asalto. Entre lo sustraído figuran dos objetos del ajuar de Tutankamón, una pérdida para ponerse a llorar. Se trata de dos estatuillas del faraón, una de este llevado por una diosa y otra del mismo pescando con un arpón.

Información de ElPaís.com. Resumen de Sophimanía

domingo, 21 de noviembre de 2010

Radio de Benedicto XVI en contra de nuevo filme de Harry Potter


Un trío que en otros tiempos el Vaticano no dudaría en procesar y enviar
a la hoguera. Foto: Warner Bros.

Aunque muchos pensamos que lo mejor que puede hacer la Iglesia Católica es una autocrítica al sospechoso encubrimiendo de los casos de pederastía que han salido a la luz pública en los últimos años, dejando de proteger a los culpables y por el contrario ayudando a la justicia a procesarlos, el Vaticano prefiere pontificar sobre las películas de Harry Potter, atribuyéndole al último filme de esa saga adejtivos de "tenebroso y pesimista".

Habría que recordarle a la Santa Sede que los libros y películas sobre Potter son simple y puro entretenimiento y que más bien calificativos como "tenebroso y pesismista" se ajustan más a su propia doctrina, para quien los seres humanos nacemos 'manchados del pecado original' y 'tendemos naturalmente al abismo'.

Sin embargo, la radio del Vaticano, órgano oficial de la Santa Sede y cuyos contenidos son aprobados por una línea de mando encabezada por Benedicto XVI, ha dicho que "Harry Potter y las reliquias de la muerte" parte uno, -que acaba de recaudar más de 125 millones de dólares en su semana de estreno- es un filme "repleto de un profundísimo pesimismo, de una espesa oscuridad y falta de humor. No hay juegos, no existe camaradería ni sorpresas divertidas".

Según Radio Vaticano, "ni siquiera la magia asegura ya la victoria y la protección" y "nada puede con la maldad, la traición, el odio, el deseo de destrucción del adversario y de lo que representa". Para la radio del Papa, es necesario recuperar los sentimientos y virtudes más en sintonía con el corazón humano.

"Parece necesario proponer también de nuevo la confianza en si mismo y en las propias cualidades, más que en la sola eficacia de la varita mágica o las pociones misteriosas", agregó Luca Pellegrini, el encargado por Radio Vaticano para comentar el filme.

Pellegrini señaló en su crítica que en esta ocasión "el recorrido de los tres héroes (Harry, Hermione y Ron), crecidos y perturbados, está accidentado, lleno de peligros". "Y por ello, no sólo deben combatir a los adversarios en escenas que destilan miedos e inquietudes poco en consonancia con el público infantil, sino que también tienen que combatir con ellos mismos las tentaciones, divisiones e inseguridades", agregó.

Pellegrini subrayó que los tres pequeños magos "se pelean y se dividen y no saben ya dónde ir y a quién pedir ayuda, están en una continúa fuga, solos, abandonados y perseguidos". Según la crítica de la radio de la Santa Sede, "el aislamiento, la frustración y la falta de metas" son los "defectos" de una película "que no logra encontrar un equilibrio entre el guión y la dirección de David Yates".

También señala que muchos de los personajes que "iluminaron" las anteriores películas aparecen en ésta "confinados a una pocas frases y apariciones fugaces", mientras tensiones, misterios inesperados y magias se incluyen como si fueran obligatorios, haciendo que el filme se haga "pesado".

Información de EFE. Edición y resumen de Pablo Vásquez para Sophimanía

domingo, 14 de noviembre de 2010

Museo de la Nación exhibe evidencias de los 'no contactados'


Evidencias fotográficas de navitos en contacto inicial. Foto: Andina

¿Sin planes para este domingo? A partir de las diez de la mañana hasta las seis de la tarde puedes visitar la exhibición de objetos pertenecientes a los nativos en aislamiento voluntario y contacto inicial que habitan en la reserva territorial Kugapakori Nahua Nanti (Cusco) y Atalaya (Ucayali).

La muestra fue inaugurada por el presidente ejecutivo del Indepa (parte del Ministerio de Cultura), quien sostuvo que estos nativos forman parte de la rica cultura viva del Perú, pueblos que se han desarrollado sin tener contacto con la sociedad mayor, y que se han mantenido aislados.

Entre los objetos de la exposición hay flechas, bolsos y vasijas, así como fotografías que muestran la forma de vida de estos nativos.

El 4 de julio de este año, en el río Timpia, en el Cusco, personal del Indepa halló utensilios del grupo nanti. Los elementos, que se encontraron en contacto directo con el pueblo en aislamiento voluntario, consisten en flechas con sujetador de chonta, punta de chonta dentada y guía de plumas, así como una ballesta del mismo material.

Asimismo, el 10 de setiembre de este año, en la misma zona, se hallaron más fechas con sujetadores de chonta, un bolso tejido con fibra vegetal, un recipiente de cáscara de calabaza, una vasija de barro cocido con aplicaciones en el contorno, entre otros elementos.

La exhibición permanecerá en el Museo de la Nación. Foto: Andina

"Estos objetos son exhibidos en la muestra, así como fotografías sobre el sistema de pesca que emplea la población nanti, mujeres y niños de la zona, y vistas panorámicas de la zona, entre otras", indicó el presidente ejecutivo de Indepa. "Estos contactos esporádicos nos demuestran la riqueza cultural existente y lo acertado de la política pública de crear las reservas territoriales a favor de estos pueblos", puntualizó.

En la reserva territorial Kugapakori Nahua Nanti, creada en 2002, hay cinco puestos de control que son monitoreados constantemente y administrados por los propios nativos que estuvieron en contacto inicial y que ahora son contactados.

La exposición también exhibe evidencias encontradas en la reserva territorial Madre de Dios, halladas tras un trabajo de monitoreo hecho en agosto de 2009 por especialistas del Indepa en convenio con la Sociedad Zoológica de Frankfurt.

En Madre de Dios, a 15 kilómetros de la comunidad nativa de Monte Salvado, se hallaron unas 38 chozas elaboradas con hojas de palmera y palos de flor de caña, que habían sido abandonadas unos 10 antes de realizado el hallazgo.

Entre los elementos encontrados, que pertenecerían al grupo étnico yines, se registraron caparazones de tortuga motelo, un bolso artesanal, huevos de tortuga taricaya, once piezas de osamenta y trozos de cuero de sachavaca, flechas de punta de paca.

Ministro de Cultura Juan Ossio, plenamente identificado con el problema
de los 'no contactados'. Foto: Andina

Estuvo presente el ministro de cultura, Juan Ossio; quien estuvo acompañado por el viceministro de Interculturalidad, José Carlos Vilcapoma y el presidente ejecutivo del Indepa, señor Alatrista Herrera.

El Museo de la Nación se encuentra en San Borja, av. Javier Prado Este 2465. Abre todos los días. De lunes a viernes el horario es de 9am a 6pm. Sábados y domingos de 10am a 6pm.

Información de Andina. Resumen de Sophimanía

martes, 3 de agosto de 2010

Conoce a los Hadza, la tribu ¿más moderna o más antigua? del mundo

Foto: Martin Schoeller / NatGeo

"Tengo hambre", anuncia Onwas junto a la hoguera. Es noche cerrada en el corazón de la selva de África oriental. Onwas menciona un árbol que encontró. Está en un lugar difícil, en lo alto de una colina empinada. Sin embargo, prosigue extendiendo los brazos cual ramas, el árbol está repleto de papiones. La información arranca murmullos. Están de acuerdo. Todos se levantan y toman sus arcos para cazar.

Aunque esbelto y musculoso, Onwas es tal vez sexagenario. Mide un metro y medio; en brazos y pecho lleva cicatrices de caza, de mordeduras de serpiente, de escorpiones, de espinas, de flechas, de cuchillos. Cicatrices de caídas de los baobabs; huellas de ataques de leopardos; apenas conserva la mitad de sus dientes. Calza sandalias con suela de neumático y lleva pantalones cortos raídos. De su cintura pende un cuchillo de caza enfundado en piel de dik-dik y se ha quitado la camisa para fundirse con la oscuridad.

Onwas me habla en hadza, lengua que, para mí, tiene un extraño sonido bipolar: por momentos cantarina y suave y luego discordante y percusiva, con chasquidos de lengua. Una lengua que no guarda relación con las hoy existentes: una lengua aislada.

He llegado a su hogar, en el norte de Tanzania, con una intérprete hadza llamada Mariamu. Es sobrina de Onwas. Asistió a la escuela durante 11 años y es una de un puñado de personas en todo el mundo que sabe hablar tanto inglés como hadza. Traduce la pregunta de Onwas: "¿Quiero acompañarlos?".

Foto: Martin Schoeller / NatGeo

No fue fácil llegar a ese campamento tradicional pues los hadza no miden el tiempo; desconocen los años, las horas, los días, las semanas y los meses. No tienen palabras para números superiores a tres o cuatro, de modo que organizar una cita puede resultar complicado.

Pero había contactado el propietario de un campamento turístico, para averiguar si era posible pasar algún tiempo con un grupo de hadzas. El propietario se topó con Onwas y le preguntó. Los hadza son un pueblo gregario, por lo que aceptó de buena gana diciendo que yo sería el primer extranjero que viviría en su campamento.

Prometió enviar a su hijo hasta un árbol específico a orillas de la selva para reunirse conmigo en la fecha programada, tres semanas más tarde. Onwas observó las fases lunares y, cuando le pareció que había transcurrido el tiempo necesario, ordenó al joven que fuera al árbol. Al encontrarme con el muchacho y preguntarle si tuvo que aguardar mucho, me respondió: "No, sólo unos días".

Resultó evidente que mi presencia incomodaba a la mayoría. No me quitaban la vista de encima y algunos reían nerviosamente. Llevaba conmigo un álbum fotográfico y, cuando lo hice circular, se disipó el malestar. Onwas manifestó gran interés en una foto de mi gato. "¿A qué sabe?", me preguntó. Pero fue otra la que les llamó la atención. Me habían retratado durante el chapuzón de osos polares de Año Nuevo, en el momento en que saltaba a un agujero abierto en un lago congelado. Los cazadores hadza pueden parecer temerarios; pero la idea del clima invernal lo horrorizó y echó a correr con la imagen diciendo a todos que yo era un hombre valiente, lo cual contribuyó en gran medida a mi aceptación.

Salimos a cazar. Caminar por territorio hadza en la oscuridad es un reto; el terreno está sembrado de arbustos y acacias espinosas e incluso de día es imposible evitar puntazos, arañazos y pinchazos. Un largo viaje por la selva hadza es como tatuarse el cuerpo poco a poco. Los hadza pasan buena parte del tiempo libre quitándose mutuamente las espinas con las puntas de sus cuchillos.

Foto: Martin Schoeller / NatGeo

Para caminar confiadamente en la selva, a oscuras y sin linterna, es necesario haber desarrollado la familiaridad que se tiene, por ejemplo, con el propio dormitorio. El problema es que este es de 2,500 kilómetros cuadrados, plagado de leones, leopardos y hienas que merodean entre las sombras.

Con todo, el trayecto no representa problema para Onwas, quien ha pasado toda su vida en la espesura. En escasos 30 segundos puede encender una fogata frotando ramas y dirigirse directamente a una colmena abundante. Sabe todo lo que hay que saber de la selva, pero casi nada de lo que hay fuera de ella. Cierta vez le mostré a Onwas un mapamundi. Le pregunté qué sabía de mi país, si conocía el nombre del presidente o de la ciudad capital. Respondió que no; ni siquiera conocía el nombre del dirigente de su nación.

Pregunté entonces si sabía algo de algún otro país. Hizo una breve pausa y de exclamó: “¡Londres!”. Pero no sabía exactamente qué era, sólo que se trataba de un lugar que no estaba en la selva.

Alrededor de mil individuos habitan el territorio hadza tradicional. No producen cultivos ni crían ganado, tampoco construyen viviendas permanentes; viven justo al sur de la sección del valle donde se han encontrado los fósiles de humanos primitivos más antiguos del mundo. De hecho, estudios genéticos sugieren que los hadza podrían representar una de las raíces primarias del árbol genealógico del hombre, posiblemente de más de cien mil años.

Todos los integrantes del género Homo vivieron como cazadores-recolectores durante más de 99% del tiempo desde su aparición, hace dos millones de años. Pero una vez que aprendieron a domesticar las plantas, hubo una reorganización total del orbe y, así, la producción de alimento marchó codo a codo con la creciente densidad poblacional, permitiendo que las sociedades agrícolas desplazaran o eliminaran a los cazadores-recolectores.

El estilo de vida del cazador-recolector se extinguió casi por completo. El surgimiento de la agricultura conllevó un alto precio: epidemias, estratificación social, hambrunas intermitentes y guerras en gran escala. Jared Diamond, escritor y profesor de UCLA, ha calificado a la agricultura como "el peor error en la historia de la humanidad"; un error del que, sugiere, jamás nos hemos recuperado.

Los hadza no son belicosos y nunca han experimentado una densidad poblacional que amenace con un brote infeccioso. Tampoco han padecido hambrunas. Incluso ahora, la dieta de los hadza aún es más estable y variada que la de la mayoría de los habitantes del mundo y disfrutan una extraordinaria cantidad de tiempo libre. Diversos antropólogos calculan que "trabajan" (es decir, buscan alimento activamente) de cuatro a seis horas al día y, a lo largo de todos esos miles de años, apenas han dejado una ligera impronta en el territorio.

Los hadza no tienen posesiones. Sus escasas pertenencias, como una cazuela, un recipiente para agua o un hacha, caben perfectamente en la manta que llevan colgada al hombro. Las mujeres hadza recolectan bayas, frutos de baobab y extraen tubérculos comestibles, mientras que los hombres buscan miel y se dedican a la cacería.

Comen casi cualquier cosa que puedan capturar, desde aves, ñus, cebras y búfalos hasta jabalíes verrugosos, jabalíes de río y damanes. Sin embargo, la carne de papión es considerada una exquisitez y, en broma, Onwas me dijo que ningún hadza puede casarse hasta que haya matado cinco papiones. La excepción principal en su dieta son las serpientes, a las que aborrecen.

Foto: Martin Schoeller / NatGeo

Los hombres untan en las puntas de sus flechas un veneno que preparan hirviendo la savia de la rosa del desierto, que puede derribar una jirafa.

Los grupos hadza son asociaciones informales de parientes, familiares políticos y amigos. Aunque cada campamento incluye algunos elementos nucleares, la mayoría puede ir y venir a placer. No reconocen un líder oficial y los campamentos suelen llevar el nombre del varón de más edad, aunque semejante honor no confiere poderes especiales. La autonomía individual es el sello distintivo y ningún adulto tiene autoridad sobre otro; no tienen ninguna riqueza y no celebran cumpleaños, ceremonias religiosas ni aniversarios.

La gente duerme cuando le place. Algunos permanecen despiertos casi toda la noche y dormitan de día, en las horas de calor. Los horarios de caza más importantes son el amanecer y el ocaso; por lo demás, los hombres suelen permanecer en el campamento enderezando astiles de flechas, tallando arcos, haciendo cuerdas con tendones de jirafas o impalas y clavando cabezas de flecha. Comercian con miel para adquirir clavos y las coloridas cuentas de plástico y vidrio que las mujeres transforman en collares. Y cuando un varón recibe uno como obsequio, el gesto se interpreta como señal de que tiene una admiradora.

No hay bodas. La pareja que duerma junto a una misma hoguera durante algún tiempo puede, a la larga, considerarse casada. La mayoría de los hadza que conocí, tanto hombres como mujeres, eran monógamos seriales que cambiaban de cónyuge cada pocos años. Había un grupo de niños en el campamento, supervisados por la abuela residente, una señora diminuta y jovial llamada Nsalu que dirigía una especie de guardería mientras los adultos se encontraban en la selva. Salvo por los lactantes, me resultó difícil determinar cuáles niños pertenecían a las distintas parejas.

Los roles de sexo están bien definidos, pero las mujeres no se encuentran sometidas a la subordinación. Muchas hadza que hallan pareja fuera del grupo regresan poco tiempo después, resueltas a no ser objeto de malos tratos. A menudo son las mujeres quienes precipitan el rompimiento de las relaciones: pobre del hombre que sea un cazador incompetente o trate a su mujer con dureza.

Onwas sabe de unos 20 grupos hadza que merodean su región intercambiando miembros continuamente, como en una gigantesca contradanza, y la mayor parte de los conflictos se resuelve, simplemente, enviando a los rivales a distintos campamentos. Cuando un cazador vuelve con una presa, debe compartirla con todos los miembros de su comunidad; por esa razón los grupos rara vez son de más de 30 personas, la mayor cantidad que puede saciarse con una o dos presas de buen tamaño.

Nadie duerme a solas en nuestro campamento. Onwas designó como mi acompañante a su hijo Ngaola, el mismo que nos esperó junto al árbol durante unos días y, a su vez, este pidió a su amigo Maduru que nos acompañara. Los tres dormíamos junto al fuego en disposición triangular, pies con cabeza.

Maduru asume la responsabilidad de protegerme durante la excursión nocturna. Nos detenemos al llegar. Hay un intercambio de ademanes con las manos y algunos chasquidos de lengua. No sé qué sucede, pues mi intérprete se ha quedado en el campamento dado que la cacería es una actividad exclusivamente masculina. Maduru me toca un hombro e indica que lo siga. La pendiente es casi vertical (debemos usar las manos para trepar) y los matorrales son tan densos como estropajos de alambre. Las púas hieren mis manos y rostro; un hilillo de sangre me resbala hasta el ojo.

¿Alguna vez has visto de cerca un papión? Tienen dientes diseñados para rasgar la carne y un macho adulto puede pesar más de 35 kilogramos. Pero allí vamos, avanzando cuesta arriba con la intención de provocarlos. Por supuesto, los hadza van armados con arcos y flechas; yo llevo una navaja de bolsillo.

Onwas. Foto: Martin Schoeller / NatGeo

Entonces escucho unos chillidos enloquecidos. Los papiones se han dado cuenta de que algo anda mal. Los papiones están rodeados y parecen presentirlo.

Los chillidos se intensifican y de repente, justo sobre nosotros, aparece un papión. Maduru se levanta, apunta y sigue los movimientos del animal de izquierda a derecha, con la flecha asegurada y tensando al máximo la cuerda del arco. Sujeto firmemente la navaja.

La razón principal de que los hadza hayan podido conservar su estilo de vida durante tanto tiempo es que el territorio que llaman hogar nunca ha sido un lugar acogedor. La tierra es salobre, escasea el agua dulce y los insectos son insoportables. Es como si nadie más hubiera querido establecerse allí en decenas de miles de años; por eso están solos.

Con todo, la reciente presión del incremento poblacional ha desatado una oleada de nuevos colonizadores y el hecho mismo de que sean un pueblo que cuida la tierra les ha perjudicado, pues los fuereños consideran que aquella vasta extensión está vacía y desaprovechada; un lugar que clama por desarrollo. Y los hadza, de naturaleza pacífica, casi siempre han optado por emigrar en vez de luchar. Pero ahora ya no tienen adónde ir.

Los pozos de agua se han contaminado con excremento vacuno, el ganado ha pisoteado la vegetación, los agricultores han desmontado la selva para sembrar y utilizan la escasa agua disponible para irrigar sus cultivos. Los animales de presa han emigrado a los parques nacionales donde los hadza no pueden seguirlos. Los sotos de bayas y los árboles que atraen a las abejas han sido destruidos. En el último siglo, los hadza han perdido la posesión exclusiva de hasta 90 % de su tierra.

Muchos desprecian a los hadza y los tratan con una mezcla de compasión y repulsión. En cierta ocasión vi que un datoga mantenía a raya a varias mujeres hadza que deseaban aproximarse a un pozo comunal, obligándolas a esperar a que sus vacas acabaran de abrevar.

La mayoría de los hadza han aprendido algo de swahili para comunicarse con otros grupos. El mismo Onwas presiente que se avecinan grandes cambios, pero eso no parece preocuparle. Como me ha dicho en varias ocasiones, no teme al futuro; nada le perturba. De hecho, ninguno de los hadza con los que tuve contacto mostraba tendencia a la preocupación. Y ese estado mental me sorprendió sobremanera pues esta etnia tiene muchas razones para inquietarse. Aun así, llevan una existencia asombrosamente arraigada en el presente.

Tanzania es una nación futurista y un bosquimano que caza papiones no es precisamente la imagen que los líderes del país desean proyectar. Un ministro ha descrito a los hadza como retrógrados, mientras que Jakaya Kikwete, presidente de Tanzania, ha declarado que los hadza “deben ser transformados” y, con tal fin, su gobierno insiste en darles escolaridad, viviendas y empleos convencionales.

Los niños del campamento de Onwas me dijeron que no tenían el menor interés en ir a sentarse en un salón de clases. Si asistían a la escuela, argumentaron, jamás aprenderían las destrezas indispensables para sobrevivir y se convertirían en marginados de su pueblo. Y si probaban suerte en el mundo moderno, ¿entonces qué? Las mujeres terminarían como sirvientas y los hombres, desempeñando algún trabajo de poca importancia. Por esa razón, insistieron, su libertad y poder alimentarse de la selva eran preferibles a una existencia de desamparo y hambre en la ciudad.

Foto: Martin Schoeller / NatGeo

Al cabo de dos millones de años, la era del cazador-recolector llega a su fin. Los hadza quizá se aferren a su lengua; tal vez muestren sus habilidades a los turistas, pero sólo es cuestión de tiempo para que desaparezcan los hadza tradicionales.

Sobre la colina hay unos momentos de silencio; luego escucho un gañido y el ruido de algo que cae. Me llega del lado más apartado de la roca y no sé si fue un humano o un papión. Son ambos. A trompicones y casi corriendo, nos abrimos paso entre los arbustos y llegamos a un claro en un soto de acacias.

Allí está: un papión tendido de espaldas, con el hocico abierto y las extremidades extendidas. Giga lo ha derribado. Onwas se arrodilla y saca la flecha del hombro del papión, devolviéndola a Giga. Los hombres forman un círculo alrededor del cuerpo para observar la presa. No hay ceremonia alguna. Parece que en sus vidas no hay lugar para el misticismo, los espíritus o para reflexionar en lo desconocido. No tienen una creencia específica en el más allá: todos los hadza con quienes hablé confesaron no tener la menor idea de lo que sucede después de la muerte. Entre ellos no hay sacerdotes, chamanes o médicos brujos. En una ocasión le pedí a Onwas que me hablara de Dios y su respuesta fue que Dios poseía una brillantez cegadora, en extremo poderosa y esencial para toda forma de vida. Dios, me dijo, era el sol.

La tradición hadza dicta que el cazador victorioso no debe alardear, pues el resultado de una cacería depende en buena medida de la suerte y aun los mejores arqueros pueden pasar por una larga racha de poca productividad. Por eso comparten la carne con la comunidad.

Mille, la esposa de Onwas, es la primera en despertar. Cuando ve el papión, mueve la barbilla en un sutil gesto de aprobación y atiza el fuego. Ngaola despelleja el papión estirando la piel con unas varas aguzadas; en pocos días se habrá secado y será una estupenda colchoneta para dormir. Un par de hombres descuartizan el animal y distribuyen los trozos de carne. Onwas, el anciano del campamento, recibe la porción más suculenta, la cabeza.

La carne se coloca directamente en el fuego. La hora de comer no es momento de cortesías. No hay espacios personales y, sin importar cuántas personas se encuentren en torno al fuego, siempre habrá lugar para alguien más, aunque deba sentarse en el regazo de otro. Una vez que una pieza de carne se ha terminado de cocinar, todos pueden arrebatar un pedazo. Los codazos y empellones son la regla. Usan rocas para romper los huesos y succionar la médula, y se frotan la grasa para humectar la piel. Nadie cruza palabra, pero el sonido de bocas que mastican y dientes que entrechocan resulta casi cómico.

Con el cráneo del papión en el fuego, Onwas empieza a relatar la historia de la cacería de jirafas, una de sus favoritas. Es un estupendo histrión. Mientras las mujeres cantan, los hombres cuentan historias alrededor de las fogatas en una especie de kabuki selvático.

Onwas estira el cuello y se desplaza a gatas para representar el papel de la jirafa. Salta, se agacha y hace como si disparara su arco mientras relata la aventura. Vuelan flechas, las fieras rugen. Los niños corren hacia nosotros y se quedan de pie, escuchando con atención; esta es su educación. La historia concluye con la jirafa muerta y, como gran final, un reclamo y su respuesta.

"¿Soy un hombre?", pregunta Onwas, alargando las manos hacia nosotros. "¡Sí! –responde el grupo–. Eres un hombre".

Foto: Martin Schoeller / NatGeo

Entonces Onwas mete las manos en el fuego y extrae el cráneo. Lo abre de un tajo y muestra los sesos que se han cocido. Parece una sopa de fideos. Tiende el cráneo hacia los hombres y todos nos abalanzamos para meter los dedos y sacar un puñado de sesos que sorbemos con avidez. Así concluye la velada.

Al parecer, la cacería del papión fue una especie de iniciación para mí: Nyudu corta una gruesa rama para tallar un arco que luego me obsequia. Otros hacen mis flechas, Onwas me regala una pipa y Nkulu se hace cargo de mis lecciones de tiro. A partir de entonces, voy a todas partes con mi arco, mis flechas y mi pipa (por no hablar de mi equipo purificador de agua, mi bloqueador solar, el repelente de insectos y la tela para limpiar mis gafas).

También me invitan a bañarme con ellos. Caminamos hasta una fosa somera y fangosa donde flotan excrementos de vaca, y nos quitamos la ropa. Nos frotamos con puñados de barro para exfoliar la piel y nos enjuagamos con agua. Ahora bien, aunque los hadza tienen un vocablo para el olor corporal, los hombres prefieren que sus mujeres no se bañen pues, afirman, cuanto más tiempo transcurra entre un baño y otro, más atractivas se vuelven.

Descubro también que las disputas conyugales son, muy posiblemente, un rasgo humano universal. "¿No es tu turno de ir por agua?", "¿Por qué tomas la siesta en vez de irte a cazar?", "¿Quieres explicarme por qué despellejaron tan mal el último animal que trajeron al campamento?" discute una pareja. Sus intercambios me dan la impresión de que esas mismas discusiones se han repetido durante miles de años en el mismo valle.

Envidio algunas cosas a los hadza, en especial su aparente libertad. Viven libres de posesiones, de obligaciones sociales, de restricciones religiosas, de muchas responsabilidades familiares. No deben someterse a horarios, empleos, jefes, facturas, tráfico, leyes, noticias y dinero. Viven libres de preocupaciones, libres para eructar y ventosear sin tener que disculparse, para agarrar comida, fumar y correr sin camisa entre las zarzas.

Pero nunca podría vivir como ellos. Para mí, su existencia es una excursión increíblemente peligrosa. Carentes de ayuda médica inmediata, una mala caída de un árbol, la mordedura de una mamba negra o el ataque de un león y se acabó. Las mujeres se acuclillan en la selva para dar a luz; la quinta parte de sus recién nacidos muere durante el primer año y casi la mitad de todos los niños no llega a los 15. Tienen que resistir un calor extremo, padecer frecuentemente de sed y soportar el incesante ataque de moscas tse-tsé y mosquitos portadores de malaria.

Y a pesar de todo, los días que compartí con ellos cambiaron mi percepción del mundo, infundiéndome algo que podría llamar el "efecto hadza"; me volvieron más apacible, más consciente del momento presente, más autosuficiente, valeroso y menos dispuesto a vivir con prisas. Confieso que el tiempo vivido como hadza me hizo más feliz.

Mi cuerpo fue lo que me indicó que había llegado la hora de salir de la selva. Había sufrido mordeduras, golpes, insolaciones, malestares gástricos y estaba exhausto. Por ello, luego de dos semanas, anuncié a todos que tenía que partir.

La reacción fue mínima, pues los hadza no son sentimentales ni acostumbran prolongadas despedidas. Ni siquiera la muerte es capaz de causar un alboroto. Se limitan a cavar un agujero y depositan el cuerpo en él. No hay quien haga una tumba convencional u organice un funeral. Sólo arrojan un puñado de varas secas en el hoyo y siguen su camino.

Escrito por Michael Finkel para National Geographic. Resumen de Sophimanía

martes, 27 de julio de 2010

México: Revelan el rostro de una mujer de la era del hielo


Foto: INAH

De acuerdo a patrones establecidos por antropólogos físicos mexicanos, reconstruyeron en Francia el aspecto físico de La Mujer de Las Palmas, quien vivió en la Era de Hielo, hace 10 mil años, y cuyo esqueleto fue hallado en una cueva inundada cercana a Tulum, Quintana Roo.

Video: INAH

El esqueleto de La Mujer de Las Palmas es uno de los tres más antiguos de América, y fue extraída en 2002 por especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), como parte del Proyecto Atlas Arqueológico para el Registro, Estudio y Protección de los Cenotes de la península de Yucatán, desarrollado por el INAH.

Imágenes: INAH

La escultura de cuerpo completo ofrece una aproximación de las características que pudo tener: era de un individuo del sexo femenino, entre 44 y 50 años al momento de morir, con 152 centímetros de estatura y un peso de 58 kilogramos.

La reconstrucción de la mujer de Las Palmas está visible al público en la exposición 390 ppm. Planeta alterado. Cambios climáticos y México, en Guanajuato.

Información de INAH. Resumen de Sophimanía

lunes, 30 de noviembre de 2009

Nuevas pistas sobre el origen de la domesticación del caballo


El tarpán, ahora extinto, fue uno de los primeros caballos en ser domesticados.
Ilustración: Sandra Olsen

Cazadores paleolíticos de Europa y Asia comenzaron a comer carne de caballo hace miles de años, al terminar la era del hielo, pero el origen de su domesticación no está tan claro.

Para tratar de aclarar esto, un grupo internacional de arqueólogos viajaron a la república de Kazakhstan (país asiático con un territorio que lo hace el noveno país más extenso).

El grupo investigó tres áreas pertenecientes a la cultura Botai (al norte de ese país), que estaba presente en ese lugar hace unos 3,500 años antes de Cristo, una época conocida como "la era del cobre".

En esa región vivía el tarpán, un pequeño caballo salvaje que se extinguió a comienzos del siglo 20. Ahí, los investigadores encontraron evidencias de que los Botai domesticaron el tarpán para comerlo, ordeñarlo y cabalgarlo.

Más del 90% de los huesos de animales hallados en la cultura Botai pertenecen a caballos. Las marcas de herramientas en los huesos indican que su principal función era servir de alimento. También hay señales que sugieren que algunos caballos eran sacrificados por motivos religiosos.

Pero otras herramientas comunes, hechas con huesos de estos animales, servían a los botais para manejar a los caballos como medio de transporte, lo que sugiere que cabalgaban en ellos.

Otra evidencia que refuerza esa hipótesis es la presencia de establos, que a la vez hacían posible que las yeguas fueran ordeñadas (una práctica que continúa realizándose en esa región y otras partes del mundo).

Estos hallazgos confirman la importancia de la domesticación del caballo en el desarrollo de la cultura. Se trata de un momento crucial de nuestra historia. Gracias a la domesticación de estos animales los humanos mejoramos nuestras habilidades para transportarnos, cultivar, reunirnos, realizar deportes y, por supuesto, hacernos la guerra unos a otros.

Ningún otro animal ha tenido un impacto geopolítico tan grande en nuestra historia. Sin el caballo, no seríamos lo que ahora somos.

Información de LiveScience. Versión, edición y traducción de Sophimanía

martes, 15 de septiembre de 2009

España se prepara para la llegada del "libro electrónico"


Los aspectos positivos y negativos son analizados por las autoridades de
industria, comunicaciones y cultura. Foto: Sony

El director general del Libro, Rogelio Blanco, ha presidido hoy la primera reunión de trabajo sobre el libro electrónico, a la que han asistido representantes del sector editorial y bibliotecario (Grupo Planeta, Prometeo-Proteo, Ikerbasque, ANELE, librerías Wolters Kluwer, etc) y expertos en las nuevas tecnologías, así como los ministros españoles de Cultura, Industria y Educación.

Según el Ministerio de Cultura de España, en ese encuentro se han analizado los retos que plantea el libro electrónico, el proceso de adaptación que tiene que seguir la industria editorial y la incidencia que tendrá el nuevo formato en los hábitos de lectura de los españoles, entre otras cuestiones.

El informe que redacten deberá plantear cuestiones como los proyectos de la industria editorial para hacer frente a este nuevo formato, la utilización del libro electrónico en el campo de la enseñanza y de la investigación universitaria o los cambios en los canales de distribución.

En las sesiones de trabajo también se analizará el impacto y planteamintos de defensa de los derechos de autor y las políticas de la Administración General del Estado dirigidas a iniciativas de digitalización y comercializción del libro electrónico.

España nos da ejemplo de la forma en que un gobierno y una sociedad modernos y responsables afrontan la llegada de las nuevas tecnologías, buscando maximizar los beneficios para la población y reduciendo los eventuales problemas que producen.

Información de El País. Resumen y comentario de Sophimanía

miércoles, 12 de agosto de 2009

España apoya a Perú en un esfuerzo por democratizar nuestra cultura

El grafitti tendría, por fin, el reconocimiento que se merece. Imagen: E. Rojas

Los gobiernos de España y Perú lanzaron una campaña para promover la inclusión social a través de la cultura y reclamar el derecho de toda la población a acceder al arte, desde el popular al más elitista.

Bajo el lema "La cultura no es un lujo", el Instituto Nacional de Cultura (INC) y la Agencia de Cooperación Española (AECID) han puesto en marcha esta campaña, que busca derrotar la exclusión social y generar la conciencia de que la cultura es un gran medio para luchar contra la pobreza.

"Queremos que la cultura no sea entendida como un lujo, sino como una realidad a la que tienen derecho todos los sectores de la población", dijo hoy la directora del INC, la polémica Cecilia Bákula, durante la presentación de la iniciativa en el Museo de la Nación de Lima.

El trabajo de Piero Quijano, siempre en defensa de la democracia y en la denuncia
de la corrupción y el autoritarismo fue censurado por el INC. Imagen: P. Quijano

Según explicó, la campaña pretende "confrontar los extremos para fomentar la inclusión social" y, por ello, los anuncios que la integran contrastan las expresiones artísticas más clásicas con el arte popular de la calle. "Si la cultura no es inclusiva, es difícil sentirla como propia", apuntó la directora del INC.

La campaña comenzará con la difusión de tres anuncios en radio y TV así como carteles en las vías públicas de Lima, Iquitos, Ayacucho y Trujillo.

Ultraconservadora católica Cecilia Bákula... ¿Nuestra mejor carta para democratizar la cultura?
El antecedente que afectó al pintor Piero Quijano indica que no. Imagen: Picassaweb

Cecilia Bákula, sin embargo, perteneciente a uno de los sectores más conservadores de la iglesia católica (tal como lo estableció La República en este enlace), es tristemente recordada por su participación en la censura de la exposición del reconocido pintor e ilustrador Piero Quijano, uno de los artistas peruanos que mejor recoge el afán integrador entre lo popular y lo académico.

El escándalo que provocó esta absurda censura generó diversas muestras de rechazo a la actual directora del INC, como por ejemplo la iniciada por el conocido blogger "El Morsa", cuya propuesta se llamó "Chau Bákula" y la pueden visitar aquí

La "Ventana indiscreta" también le dedicó un informe a este caso que se puede ver aquí:


Y aquí:


Cabe preguntarse entonces si la participación de Bákula en esta iniciativa peruano-española sería más un "escollo ultraconservador" que un motor. Todos recordamos que en la Hora N, al ser cosultada por De Althaus sobre la censura a Piero Quijano ella respondió: "No hay tal. Intentamos que el sello del INC siga los parámetros de la cordura" (la cita original aquí).

Si en la práctica la "Cordura cultural" de la Bákula se convirtió en una censura contra la muestra de un artista peruano bien conocido y establecido... ¿Eso no es más bien un ejemplo de locura?

Información original de EFE. Versión y ampliación de Pablo Vásquez para Sophimanía

¿Qué es Sophimanía?

Divulgación Científica:
Impulsamos el conocimiento de temas que por coyunturas políticas, pasan a 2do plano. Creemos que solo nuestro instinto por saber, conocer, explorar, cuestionar, construir, ha permitido que nuestra especie ocupe este espacio-tiempo, y por lo que quizás permanezca.

Pensamiento Crítico:
Ver el mundo con ojos nuevos. Rebelarse contra la información estandarizada. No dejarse doblegar por el sistema, la educación pasteurizada o el circuito estético consumista imperante. Ser libre, o lo más libre posible, empezando por tu mente y tu cerebro.

Un blog de Claudia Cisneros