
Abimael preso y ridiculizado, un día en que el Perú volvió a tener esperanza. Foto: Encarta
Hoy se cumplen 17 años de la presentación de Abimael ante la prensa, marcándose un antes y un después para millones de peruanos. Lo que parecía imposible se hizo realidad.
Ya no había razón para la especulación: el más grande genocida de nuestra historia estaba tras las rejas. Fue una época de renovación de esperanzas que habían estado sepultadas bajo cadáveres, bombazos, anfo, apagones, toques de queda, dolor, sufrimiento y terror.
Aunque presentarlo en una jaula y con traje a rayas podía parecer un exceso para cualquier otro criminal, ningún peruano de bien lo objetaría porque el daño causado a la sociedad fue tan grande, que difícilmente cabía alguna defensa moral para Guzmán.
Así fue el momento más esperado por 28 millones de peruanos. Video: YouTube
El efecto de la jaula y las rayas no solo era para la prensa; cumplía también el objetivo de maximizar el golpe a los senderistas mostrando a su líder como trofeo de una guerra que comenzábamos por fin, a ganar, gracias a la paciente y diligente labor del escuadrón de inteligencia comandado por Ketín Vidal.
Sin disparar una bala, sin matanzas o violaciones a los Derechos Humanos, el máximo perpetrador de asesinatos selectivos y masivos no volvería a empuñar su pseudofilosofía de la muerte que llevó a un país a la zozobra y la quiebra.
Por más que siguiera levantando el puño, enfundado en su pijama a rayas de por vida, el monstruo no volvería a levantar cabeza.
Poco a poco fuimos dejando atrás los malos recuerdos, el miedo a salir y encontrarse con un coche bomba en alguna esquina. Pasarían años para que las generaciones de jóvenes y no tan jóvenes, dejáramos de estremecernos cada vez que en Navidad o Año nuevo reventaban cohetones.
Los ronderos, pieza clave en el triunfo contra Sendero en la sierra. Foto: Gente
Años para que un simple corte de luz no fuera asociado a una torre derrumbada, o a la noticia de muertos a machetazos, degollados o desaparecidos que vendría en los noticieros y diarios desde cualquier parte del país.
Pasaron más años, todavía, para que un grupo de intelectuales y profesionales, enfrentando críticas de poderosas instancias de poder político, militar y ecleseástico, se esforzaran porque todos los peruanos escucháramos las historias de horror de TODOS LOS PERUANOS.
Sobre todo, las de aquellos que durante años callaron por miedo, amenazas, desconocimientos, barrera de lenguaje, desconfianza. La CVR nos permitió ponerle caras, nombres y apellidos a tantos muertos anónimos.
Los de Sendero y los que el Estado del régimen fujimorista permitió con su guerra de baja intensidad. Es cierto, las heridas no se han aliviado, ni para los deudos, ni entre aquellos que consideran la verdad una afrenta. Es cierto, falta mucho por hacer para que civiles y militares nos reconciliemos tratando de comprendernos unos a otros y aceptemos un código moral mínimo de convivencia, en paz o en guerra.
Un código único que nos rija y nos ampare a todos. Pero escuchar y ver estas verdades fue el primer y necesario paso en ese camino.
Han pasado casi dos décadas y no solo el Estado no ha sabido echar el salvavidas a los olvidados, marginados e invisibles del país, sobre todo ahora que podemos jactarnos de un crecimiento económico sin precedentes, y a pesar de la crisis mundial, nos preguntamos ¿cuando los terroristas hayan cumplido sus condenas y vuelvan a las calles, les será difícil volver a reclutar en los reductos del descontento social?
El Sendero de hoy está repotenciado económicamente por el cada vez más robusto narcotráfico. Ninguna carencia o injusticia social justifica los asesinatos y matanzas, pero es responsabilidad del Estado repartir equitativamente, representar, estar presente para los 28 millones.
El gobierno central, las regiones y municipios tienen la obligación de detectar y resarcir esas carencias.
Para animar el debate y la reflexión sobre estos temas, -sobre todo entre quienes no lo vivieron en carne propia por ser más jóvenes- proponemos desde Sophimanía los que consideramos pueden ser los 10 más grandes mitos sobre Sendero luminoso y la lucha antisubversiva.
Sabemos que algunos pueden resultar polémicos y otros obvios, pero sentimos que todos son pertinentes para abrir el debate. La única condición para que su comentario sea publicado -a favor o en contra- es mantener un lenguaje no ofensivo. Es, por lo menos, lo que del corazón nos sale en Sophimanía.
Tarata: 25 muertos y 155 heridos que nunca se olvidarán. Foto: C.Domínguez
1) Lima se enteró de Sendero con Tarata
Falso. Lima, como centro del poder político y militar del país, se convirtió en un temprano objetivo de Sendero. Del ochenta y tres hasta comenzada la década del noventa los habitantes de la capital convivimos con pintas, amedrentamiento y copamiento de organizaciones populares, toques de queda, asesinatos de policías, apagones, torres derribadas y coches bomba con decenas de muertos y heridos. Tarata fue duro y fue céntrico, pero desde mucho antes Lima tenía clara conciencia de la insanía senderista.
Quienes afirman que Tarata fue el "despertar" de la amenaza senderista para los limeños, generalmente creen que hay una relación de causa - efecto entre el atentado de Tarata (16 de julio de 1992) y la captura de Guzmán (12 de setiembre del mismo año), pero la historia desmiente esa impresión. El seguimiento de Guzmán había comenzado mucho antes de la explosión en Miraflores.
La matanza de la Cantuta, sin embargo (el 18 de julio, dos días después de Tarata) sí fue una consecuencia directa del atentado terrorista. Una acción de burda "inteligencia" política, efectista y condenable por transgredir derechos fundamentales de cualquier peruano que debe ser considerado inocente hasta que se le pruebe, en una corte o porque es atrapado in fraganti, lo contrario.
Es cierto que para los empresarios más favorecidos por Fujimori Tarata puede haber resultado especialmente traumático. El sector hegemónico (banqueros, financistas, grandes empresarios) ya le había endosado a Fujimori un cheque en blanco cuando, pocos meses antes, apoyó con su silencio cómplice la disolución del Congreso y el inicio de la dictadura.
Tarata fue un ataque a un área de residencia civil, en el céntrico distrito de Miraflores, supuestamente porque les falló el coche bomba que iba dirigido al Banco de Crédito.
Cierto o no, 25 personas, peruanos como cualquiera, murieron de forma y dramática y 155 quedaron heridos en lo que asemejaba más un bombardeo, por los daños causados en robustas estructuras de cemento y fierro.
Los héroes anónimos que nos libraron de Sendero, tenemos
una deuda pendiente con ellos. Foto: La República
2) Fujimori nos salvó de Sendero
Falso. Por el contrario, para Fujimori Sendero terminó siendo una imprescindible coartada para la dictadura (acordémonos de todas las veces que se afirmaba tener rodeado a Artemio para salir en titulares, una y otra vez desmentido).
Como la historia se ha encargado de esclarecer, el "proyecto político fujimorista", al margen de las buenas intenciones (si es que las hubo alguna vez), consistió en saquear el país y luego huir a Japón, cuando la soga les llegara al cuello, como quedó demostrado tanto el 13 de noviembre del 92, cuando Fujimori se escondió en la bajada de Japón ante la insurgencia de un grupo de militares, como en su huída a Tokyo y su renuncia vía fax años después.
Gracias a Sendero, Fujimori y Montesinos tuvieron la excusa perfecta para disolver el Congreso y festinar los recursos del estado, y no solo en pálida lucha contra de Sendero, sino en contra de sus enemigos políticos.
Conociendo hoy a los "gemelos del mal" y sus planificados psicosociales, si Fujimori y Montesinos hubieran sido claves en la captura de Guzmán hubieran sido los primeros en aparecer en el video del momento de la captura, para ganarse con los réditos políticos directos.
La captura los sorprendió tanto como al resto de la población. Es más, es conocido que Fujimori estaba pescando en Iquitos. Y sin embargo, a como diera lugar, lo convirtieron en su botín político.
El éxito de la lucha contra Sendero en la sierra y en los barrios populares de la ciudad fue fruto de un largo y doloroso proceso de aprendizaje entre las fuerzas del orden, militares (los probos) y civiles (ronderos y dirigentes de organizaciones populares) que entendieron que debían estar juntos y colaborar en contra del enemigo común.
Igual costó muchísimas vidas, familias desmembradas y traumatizadas, huérfanos y deprimidos, tantas almas, tantos futuros...
Esa estrategia exitosa contra Sendero nació del fracaso de las tácticas anteriores y nada le deben a la "inteligencia" ni de Fujimori ni de Montesinos, cuyo "logro" más notable en ese momento fue reclutar una banda de asesinos (el grupo Colina) tan ineptos que se "especializaron" en asesinar y hacer desaparecer gente inocente.
Posteriormente, la "Ley de arrepentimiento" dada por Fujimori sí resultó un instrumento eficaz para terminar de reducir (pero no acabar) con Sendero.
3) Toledo favoreció a Sendero liberando terroristas
Falso. Toledo, como presidente elegido por voto popular en elecciones limpias, hizo lo único que un demócrata puede hacer: actuar de acuerdo a ley y los tratados internacionales firmados por el país.
El que el sistema judicial manipulado por Fujimori y Montesinos haya hecho una pésima tarea encerrando personas sin tener las pruebas suficientes o sin seguir el debido proceso no fue culpa ni de Toledo ni de Paniagua.
Toledo y Paniagua, ciertamente, pudieron y debieron ser más sagaces y rápidos a la hora de reorganizar el Sistema de Inteligencia Nacional, sobre todo Toledo que cumplió un mandato completo. Esa es una cuenta pendiente que el expresidente aún tiene por saldar con el Perú.
Rondero ayacuchano con trofeo de guerra en 1991. Foto: A.Balaguer
4) Lo que queda de Sendero está en el VRAE
Falso. Sendero sigue existiendo en Lima y en las principales ciudades del país. Se hace sentir y se infiltra, sigilosamente, en universidades, sindicatos e instituciones populares.
No tienen la beligerencia de antes y apelan a ser "amigos del pueblo" asumiendo como propias agendas reivindicativas legítimas, pero no para buscar soluciones sino para boicotearlas, promoviendo el pensamiento errado de que la única salida es la violenta.
Ese Sendero, silencioso y poco atractivo para la cobertura mediática, es tan peligroso como el del VRAE. ¿Están los servicios de inteligencia haciendo su trabajo de infiltración y desactivación? ¿Hay siquiera un Servicio de Inteligencia Central? No y no.
5) Abimael Guzmán es muy inteligente
Falso. El llamado "presidente Gonzalo", como ha quedado en evidencia tanto por las "entrevistas" que ha dado, como por sus escritos, y sus dotes de "danzarín griego", es un profesor universitario con un entendimiento bastante limitado de la historia y de la filosofía.
Su "atractivo" no se explica por su brillantez intelectual -que es nula, algo sintomático de todos los fanáticos- sino por su autoritarismo mesiánico presentado como "solución rápida" a los problemas de exclusión del país.
¿De qué otra forma se explica que alguien eleve una ideología política al rango de dogma religioso y proponga su propia existencia como la encarnación más sublime del espíritu de la historia?
Por si fuera poco, el hombre responsable de miles de muertes y al que no le tembló la mano para mandar matar campesinos inocentes, destruir familias y poblados enteros, ni siquiera tuvo el coraje de mantener sus propias convicciones, cayendo seducido al poco tiempo por el juego político de Fujimori y Montesinos.
Y no hablamos de arrepentimiento, que queda absolutamente descartado con su última publicación y su nefasta y escandalosa presentación en el juicio público en el que gritando lemas y levantando el puño, pretendía revivir enfermizamente "viejas glorias".
Como todo pensador que se obsesiona buscando las "leyes de la historia", Guzmán deja la filosofía para convertirse en un tinterillo perdido en sus propios vericuetos legales, tal como también se desprende de su libro "De puño y letra", broche de barro del "pensamiento Gonzalo".
Una de las víctimas de Tarata, homenajeada por sus familiares. Foto: AM McCarthy
6) Las 69 mil víctimas que señala la CVR es una exageración
Falso. Le duela a quien le duela, el método de estimación de sistemas múltiples aplicado por Patrick Ball (galardonado Doctor en Ciencias del prestigioso Instituto Benetech) a situaciones de desaparecidos y Derechos Humanos, es totalmente consistente con el trabajo científico.
Detrás de los estudios de Ball y su equipo hay veinte años de desarrollos teóricos y de experiencias similares -varias de ellas encargadas por las Naciones Unidas- en El Salvador, Etiopía, Guatemala, Haití, Sudáfrica, Kosovo, Sierra Leona y Sri Lanka.
El que la industria pesquera o las ciencias naturales utilicen el método de estimación de sistemas múltiples para determinar el volumen de ciertas especies de tierra o mar es anecdótico. Quien trate de desautorizar la aplicación del método a casos de DDHH deberá responder con argumentos lógico - matemáticos y no solo con prejuicios o con opiniones sin base científica.
En el colmo del cinismo, varios de los que niegan la validez de la cifra de 69 mil muertos insisten en ver "certificados de necropsia" y "partidas de defunción" de cada una de las víctimas, como si los muertos enterrados en fosas comunes no fueran, precisamente, un ejemplo de barbarie.
Increíblemente, esos mismos proponen que la cifra es de 22 mil, como si 22 mil asesinados fuera "mejor" que 69 mil. ¿Acaso no saben que el derecho a la vida, a UNA sola vida, es un principio humano universal?
La Comisión de la Verdad y de la Reconciliación, compuesta por peruanos de reconocido prestigio y trayectoria, en un afán de honestidad intelectual e imparcialidad, apeló a las mismas herramientas metodológicas y científicas que otras comisiones de la verdad que otras partes del mundo habían probado como útiles y precisas.
Participaron médicos y arqueólogos forenses, psicólogos, investigadores, científicos nacionales y extranjeros. Los DDHH no son de izquierda o de derecha, son apolíticos, a-ideológicos y aplicables por derecho y obligación moral a cualquier ser de este planeta por el solo hecho de ser humano.
Quienes los promueven defienden un principio elemental de convivencia no barbárica. Mientras mejor pueda probárseles a quienes actúan con barbarie que se puede luchar con ideas, con acciones para conseguir justicia social, pero sin violencia extrema, sin transgredir el derecho del otro, les estaremos mostrando por qué el Estado de Derecho funciona y debe ser abrazado por todos, sin distinciones.
Si contestamos con barbarie, sólo estamos reforzando "su sistema" de enfrentar el mundo, sus arbitrariedades, alimentando su apetito voraz por sangre y caos.
7) Sendero ya no puede ser una amenaza a la democracia
Falso. Las condiciones de miseria, desinformación o "caldo de cultivo" siguen existiendo en todo nuestro país, y en consecuencia una "respuesta terrorista" sigue siendo posible. Si bien el Apra insiste con triunfalismo en que la pobreza está bajando a un ritmo promedio de 3% al año, muchos economistas se muestan escépticos ya que la metodología para determinar qué es pobreza y cómo baja o sube es discutible y problemática.
El nivel calórico y nutricional, por ejemplo, desmiente la mejoría. Y aun aceptando la palabra del gobierno y de su órgano oficial, el INEI, lo cierto es que sus causas estructurales continúan con excelente salud: estado no reformado, corrupción generalizada, sistemas de salud y educación muy deficientes, falta de infraestructrura y servicios básicos, evasión tributaria, falta de gerencia en el gasto público, y muchos y penosos etcéteras.
La Defensoría del Pueblo reporta hoy 284 conflictos sociales "en marcha" en todas las regiones del país, la gran mayoría (235) "activos". No es iluso pensar que alguno de ellos -infiltrado por Sendero u otra ideología- pueda estar considerando y promoviendo salidas violentistas.
¿Acaso el desempleo y el sentimiento de exclusión social no han aumentando con la crisis financiera internacional? Los que ven cómo algunos peruanos han mejorado, se sienten más marginados, más arriconados en su suerte y abandono, más excluídos.
Más en un mundo hiperconectado como el de ahora, la amenaza del terror siempre estará latente.
8) A la subversión se la aniquila militarmente
Falso. Aunque la reacción violenta a una agresión la tenemos escrita con fuego en nuestro mapa genético, la vida en una sociedad democrática nos ha demostrado que esa salida es, a la larga, contraproducente.
Por supuesto que a nivel militar hay una tarea imprescindible en contra de los grupos violentistas, pero esa tarea debe darse profesionalmente, minimizando las bajas de civiles inocentes y respetando el marco legal.
La historia de conflictos similares en otras partes del mundo demuestra que si la acción militar o policial no va acompañada programas sociales profundos, que promuevan la ciudadanía efectiva (acceso a servicios de educación, infraestructura y salud, inclusión social, mejores ingresos y perspectivas de vida) la violencia se focaliza, fortalece y eventualmente reaparece con fuerza.
Tan importante como invertir en la preparación y armamento de las fuerzas del orden, es invertir en sistemas de inclusión social.
9) Los DDHH son un escollo en la lucha contra Sendero
Falso. Responder al terrorismo con terrorismo, como lo hizo Fujimori a través de grupos como Colina, es la peor política que se puede tener ante la amenaza violentista. Es cierto que ese tipo de "medidas" pueden ser populares, mediáticas y efectistas, pero a mediano plazo resultan totalmente contraproducentes.
En ese sentido el marco legal, del que los Derechos Humanos forman parte, son un instrumento de lucha efectiva y pacificación, no un escollo contra la lucha antisubversiva.
Hace poco, el filósofo español Agustín González Galleno nos decía: "La mejor arma que tiene la sociedad son las propias armas del Estado de Derecho. Mientras más se respete ese Estado de Derecho a sí mismo, mayor fuerza tiene. En la medida en que las Fuerzas del orden público sean capaces de no sobrepasar UN milímetro sus derechos, será más efectivo, aunque más lento."
La victoria efectiva de la democracia sobre el terrorismo no debe ni puede ser solo militar, debe ser sobre todo una victoria moral y ajustada a derecho. Si no es así, sólo sería la victoria precaria y temporal de un terror institucionalizado sobre otro.
Esposa ayacuchana muestra foto de marido desaparecido. Foto: V.Lentz
10) Los terroristas no son peruanos
Falso. Aunque nos duela y nos repela como ciudadanos, los terroristas son tan peruanos como cualquiera. Entender eso, que sin duda resulta difícil, es indispensable para evitar que las respuestas violentistas se repitan.
Los terroristas no vinieron de Marte ni de Medio Oriente, nacieron y se criaron aquí. El hecho que hayan desarrollado una visión errada y hayan sido permeables a fanatismos ideológicos forma parte de un problema social que nos involucra a todos. Darle la espalda a esa parte de nuestra realidad bajo el pretexto de que "están locos" o "no son peruanos" es inmaduro y cobarde.
Las convicciones democráticas no se imponen por la fuerza de la ley, se construyen desde las bases mismas de la sociedad. Un país que cierra los ojos ante la miseria, ante la alienación y enajenamiento de una parte de su población está traicionando el espíritu inclusivo de la democracia, que por imperfecta que sea se ha mostrado el sistema "menos malo" que tenemos para convivir. Perfectible y mejorable siempre, basada en respetos y consensos mínimos.
Un peruano que sigue el terrorismo no solo está optando por convertirse en enemigo de todos, está renunciando a la posibilidad de ser un ciudadano útil y provechoso para la sociedad. Está renunciando a una mejor calidad de vida para él y los suyos, que puede ser, paradójicamente, una de sus banderas.
Cuando muere víctima de su fanatismo, es una pérdida para su grupo ideológico, pero es una doble pérdida para el país pues no solo perdemos un habitante, perdemos a alguien que pudo ser un ciudadano valioso y productivo.
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Artículo de Claudia Cisneros y Pablo Vásquez para Sophimanía









