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viernes, 28 de octubre de 2011

Peligro: aumenta la contaminación ambiental en Lima


Las cifras lo confirman: Lima cada vez más peligrosamente contaminada.
Foto: RPP

El Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) basándose en datos del Servicio Nacional Meteorológico e Hidrográfico (SENAMHI) informó que en septiembre de este año, aumentó la presencia promedio de Polvo Atmosférico Sedimentable (PAS) en Lima.

Esto significa un aumento de 10,6% comparado con el mismo periodo en el año 2010, y de 6,3% con relación al mes de agosto. La zona con mayor concentración de PAS fue Lurigancho con una cantidad catorce veces superior a lo aceptado por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Uno de los índices más utilizados es el PM10 (partículas menores a 10 micrómetros). Este índice mide partículas producidas sobre todo por los combustibles las cuales afectan al sistema respiratorio y cardiovascular. Según el informe, la zona más contaminada corresponde a Lima Este, donde los valores sobrepasan el estándar de calidad ambiental (ECA) establecidos por el Ministerio del Ambiente.

En distritos como San Borja o Jesús María las cifras son menores al estándar, aún así los valores sobrepasan los límites establecidos por la OMS. Cabe resaltar que el valor promedio diario del ECA utilizado por el Ministerio es de 150 μg/m3, varias veces superior al recomendado por la OMS (20 μg/m3), lo cual podría colocar a Lima en la lista de las ciudades con mayor grado de contaminación en Latinoamérica.

En el informe mensual del INEI también son reportados otros índices de contaminación ambiental, por ejemplo la calidad del agua potable es evaluada mediante los índices de concentración algunos metales como el plomo, hierro, aluminio. En todos los casos se observaron valores de concentración por debajo de los límites permitidos por la OMS; sin embargo, en el caso del aluminio y el hierro estos valores sobrepasan a los registrados para el mismo período en el año anterior.

La presencia de estos metales puede afectar la salud de las poblaciones provocando malestares como náuseas o dolor abdominal, y en casos más graves pueden provocar trastornos en el desarrollo de los niños y daños al sistema nervioso.

El mismo informe muestra además que las concentraciones máximas de estos metales han aumentado drásticamente en la cuenca del río Rímac en comparación a años pasados. Esto revela la importancia del tratamiento de las aguas del río para disminuir los valores de contaminación en el agua potable disponible en la ciudad.

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Resumen por Pedro Romero (@quipupe) para Sophimania

lunes, 8 de febrero de 2010

El cerebro no distingue entre dolor físico y emocional

Foto: Geisa Crunivel

Importa más el impacto de los sentimientos abstractos que los físicos y concretos de la sed o el hambre. Los dolores causados por motivos sociales –como un desamor– o los placeres de igual naturaleza –como aprobar una oposición– activan idénticos circuitos cerebrales que los estímulos fisiológicos, básicos para sobrevivir, como la práctica del sexo.

Se está confirmando, pues, una sospecha que teníamos muy pocos en el sentido de que el cerebro trata con la misma deferencia o indiferencia, según se mire, experiencias sociales y abstractas como una falta de reconocimiento social y conductas físicas tan concretas como saciar el hambre o morir de sed.

Lo que está sugiriendo la ciencia, ni más ni menos, es que el mundo de los sentimientos y la historia del pensamiento inciden en el corazón de la gente en no menor medida que una hambruna o el calentamiento global. ¿Entonces por qué nos ocupamos menos de los primeros que de los segundos?

Y, si eso es cierto –y ya no puede negarse que forma parte del pequeño y modesto acervo científico–, deberían matizarse muchas de nuestras convicciones o, cuando menos, alterar lo que yo llamo nuestra “estrategia de compromisos”. No es seguro, por ejemplo, que nuestra supervivencia dependa en mayor medida del famoso cambio climático que de nuestro reconocimiento individual por el resto de la sociedad; de saber, en definitiva, si me odian o me aman.

Es mucho menos probable de lo que se creía hasta ahora que nuestras necesidades fisiológicas revistan un grado de urgencia mayor que nuestros sentimientos. A ver si ahora resulta que dar dinero para combatir el sida o la malaria activa el llamado “circuito cerebral de recompensa” en mayor medida que recibir la misma cantidad de dinero para colmar necesidades personales. (Confidencialmente, les confieso a mis queridos lectores que también esto ha sido comprobado en experimentos apoyados en resonancias magnéticas funcionales, aunque recomendaría no divulgarlo todavía para no soliviantar excesivamente a los incrédulos y psicópatas a quienes cuesta admitir o sentir el dolor ajeno.)

El misterio no desvelado todavía es por qué el cerebro trata igual la necesidad afectiva que la física. Todo el mundo entiende que la falta de alimentos y de agua o las temperaturas extremas causan dolor. Pero ¿por qué utiliza el cerebro el mismo sistema neurológico para abordar privaciones y recompensas físicas que privaciones y recompensas morales?

Un equipo de científicos liderado por H. Takahashi de la Universidad de California, en Los Ángeles, sugiere que existen razones evolutivas de supervivencia de la especie que explicarían dicho comportamiento. En los mamíferos –y muy particularmente en los humanos– es muy elevada la dependencia de los recién nacidos, que llegan al mundo desprovistos de los mecanismos necesarios para sobrevivir por su cuenta.

El precio pagado por disfrutar de una inteligencia mayor que el resto de los mamíferos cuando se es adulto implica dedicar los siete primeros años de la vida al aprendizaje y a formar la imaginación, en régimen de todo cubierto, por supuesto, incluidos los gastos sanitarios.

Sin la dedicación de un cuidado específico, que sólo puede dimanar de sentimientos y afectos sociales, ningún recién nacido podría sobrevivir. En este sentido, los sentimientos sociales preceden la cobertura de las necesidades físicas y concretas, como dar de comer, calmar la sed o proporcionar la temperatura adecuada.

Es muy discutible que sin esos sentimientos sociales pudiera darse luego la compensación física necesaria para sobrevivir. El cerebro acierta en dar a los primeros la misma prioridad que a la segunda. Esta vez, la evolución optó por la alternativa adecuada. Ahora, sólo hace falta que todos nosotros nos comportemos de igual manera. Por lo menos, durante 2010.

Artículo de Eduard Punset para eduardpunset.es

viernes, 5 de diciembre de 2008

La felicidad: tan contagiosa como la gripe


¿Estás de buen humor? Tu vecino, tus amigos e incluso los amigos de tus vecinos pueden "infectarse" con tu alegría. La felicidad se expande por las redes sociales tan fácilmente como la gripe, según un nuevo estudio.

Los investigadores analizaron información de cerca de cinco mil personas interconectadas desde hace veinte años. Después de establecer el humor de cada participante, el equipo encontró que cuando una persona se sentía feliz, esta se transmitía incrementando la felicidad de los que lo rodean.

La tristeza, afortunadamente, no es tan "infeciosa". Un ataque de tristeza contagia mucho menos que la felicidad indica James Fowler, de la Universidad de California, en San Diego, investigador a cargo del proyecto.


Los niños: una veta natural de felicidad. Fuente: Internet

Una infección de felicidad dura en promedio doce meses y alcanza a tres ámbitos: los amigos del feliz, los vecinos del feliz, y los amigos del vecino del feliz.

Fowler cree que la felicidad se extiende más allá hacia el resto de la sociedad, pero ya de una manera que no se puede medir.

Pero no solo la felicidad es contagiosa. Según Fowler también lo son ciertos comportamientos como comer demasiado, fumar e innovar.

A diferencia de los comportamientos, los sentimientos requieren mayor proximidad para contagiarse. Un vecino nos puede contagiar su buen humor, pero no tanto su obesidad, y viceversa.



La exposición frecuente "al otro" también nos hace más propensos al contagio emocional que lo que ocurre con personas que vemos poco o por primera vez.

Los investigadores no están seguros de cómo se transmite el "virus de la felicidad", pero tienen algunas teorías.

La gente que tiene buen humor en general son más "contagiosos", mientras algunos parecen ser inmunes.

Con todo, estar en contacto con gente feliz es provechoso para todos. Parece que hay en ello una función evolutiva. La gente feliz sonríe, y la sonrisa ayuda al trabajo en equipo y a crear lazos afectivos que permiten alcanzar metas grupales.

"No solo contagiamos felicidad a los que amamos, también a los que no" termina Fowler.

Información de LiveScience. Edición y traducción de Sophimanía

¿Qué es Sophimanía?

Divulgación Científica:
Impulsamos el conocimiento de temas que por coyunturas políticas, pasan a 2do plano. Creemos que solo nuestro instinto por saber, conocer, explorar, cuestionar, construir, ha permitido que nuestra especie ocupe este espacio-tiempo, y por lo que quizás permanezca.

Pensamiento Crítico:
Ver el mundo con ojos nuevos. Rebelarse contra la información estandarizada. No dejarse doblegar por el sistema, la educación pasteurizada o el circuito estético consumista imperante. Ser libre, o lo más libre posible, empezando por tu mente y tu cerebro.

Un blog de Claudia Cisneros