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viernes, 28 de octubre de 2011
Presentan el libro: ''Ciencia y Tecnología: El Observatorio Nuclear''
En el marco de las actividades por la 32 Feria del Libro Ricardo Palma, se presentó la noche del martes 25 de octubre el libro “Ciencia y Tecnología: El Observatorio Nuclear”, del físico nuclear y presidente del Instituto de Investigación para la Energía y el Desarrollo (IEDES) Rolando Páucar Jáuregui.
En el libro se recopilan artículos periodísticos publicados en destacados medios del país (los diarios El Peruano, La República, Gestión, Correo y revistas especializadas) entre el 2006 y el 2011. Enlazan el sentido de los artículos el afán por exponer las posibilidades y riesgos que implica la energía nuclear para el país.
Rolando Páucar Jáuregui cuenta con 30 años de experiencia como científico en el mundo nuclear. Previamente ha publicado los libros “Ciencia y Tecnología para la Defensa”, “Unasur: ruta hacia la integración” y “Energía nuclear: riesgo y oportunidad para Suramérica”.
¿Energía nuclear en el Perú?
La primera idea que desarrolla el autor es que se debe considerar a la energía nuclear como un referente para pensar el desarrollo sostenible del país y la lucha contra la pobreza, además que propiamente ya representa ventajas en prácticas regulares de la medicina (uso de radiofármacos), la agricultura (aumentar el período de conservación de alimentos), minería, tratamiento de recursos hídricos, entre otros.
Sin embargo no descuida la importancia en materia de seguridad que debe acompañar al desarrollo de la energía nuclear, que precisamente empezó como un instrumento de guerra y casos como los de Chernobyl o lo sucedido con los reactores de Fukushima luego del terremoto en Japón, refuerzan el concepto que vincula a la energía nuclear con prácticas potencialmente dañinas para las personas y su entorno.
Etiquetas:
consumo energético,
Física,
física nuclear,
medicina,
rolando páucar jáuregui
viernes, 9 de septiembre de 2011
Google consume el 10% de energía de su sector en el mundo

Imagen: Internet
El aumento de parque de recursos tecnológicos que está funcionando de manera continuada conlleva una serie de consecuencias que comienzan a preocupar a las empresas. El consumo eléctrico, además de ser un gasto, impacta de manera directa en el medio ambiente en emisiones de dióxido de carbono. Google, que siempre ha apostado por minimizar el impacto ambiental, ha revelado sus datos y sus centros de datos llegan a consumir el 10% de la energía eléctrica consumida por todos los centros de datos del mundo (que asciende al 1% del consumo energético mundial).
La cifra es sorprendente y, por tanto, cualquiera podría pensar que el impacto medioambiental también es enorme pero no es así, el gigante de las búsquedas es todo un referente en cuanto a tecnología sostenible se refiere.
Según los datos publicados por la consultora Gartner, las emisiones de dióxido de carbono asociadas a los procesos de IT a nivel global, serían equivalentes a las emisiones que produce toda la industria aeronaútica, es decir, un 2% de las emisiones totales de dióxido de carbono que se generan a nivel mundial, de hecho, conforme aumenta la demanda y los servicios, esta huella de carbono va en aumento. Sin embargo, la huella de carbono de Google, que se cifra en 1,5 millones de toneladas al año, serían un poco más altas que las emisiones de un país como Laos y equiparables a las de un organismo como la ONU.
A primera vista los datos parecen mucho pero, en realidad, esta cifra debemos tomarla con algunos matices porque el consumo de Google, realmente, está compensando el de otras empresas. Imaginemos que las empresas que utilizan Google Apps hubiesen montado una infraestructura para mantener su correo, su gestor documental o su agenda corporativa, es decir, tendrían que haber empleado servidores y acondicionar un espacio con la refrigeración necesaria. Las soluciones en la nube que ofrece Google, realmente, están reduciendo en un 80% las emisiones de empresas que mantuviesen sus propios sistemas. De hecho, no es Google la única que está haciendo esto, no hace mucho la Administración Obama decidió cerrar el 40% de sus centros de datos con el fin de reducir costes e, indirectamente, minimizar el impacto ambiental (y reducir el consumo eléctrico).
De todas formas, Google es un gran ejemplo de uso eficiente de la energía, por ejemplo, en la refrigeración de los centros de datos y en la inversión en plantas solares o en aerogeneradores, siempre buscando el cero emisiones, o al menos, ese es el compromiso que adquirieron en el año 2007. Aún así, las emisiones de Google han aumentado, algo que refleja el aumento del número de usuarios y la dependencia que tenemos de los servicios de Google en particular y, en términos generales, de los servicios que se encuentran en la nube.
Según los datos una búsqueda genera un equivalente a 0,2 gramos de dióxido de carbono y 10 minutos de video en YouTube generan 1 gramo. De hecho, según la compañía de Mountain View, un usuario de sus servicios viene a generar unos 1,46 kg de dióxido de carbono al año (1.2 kg por el uso de Gmail). ¿Tanto? La verdad es que los datos dan bastante que pensar si bien no solamente las TIC contaminan y, precisamente, Google compara sus emisiones con la fabricación y el envío de un DVD que, según la compañía, sería equivalente a estar tres días sin parar viendo videos de YouTube.
Que Google consuma el 10% de la energía eléctrica del sector es una cifra impresionante, si bien hay que tener en cuenta que un tercio de esa energía procede de fuentes renovables y la compañía sigue aumentando este porcentaje además de minimizar el consumo de sus oficinas o el transporte interno en el campus.
No sólo las grandes compañías como Google o las Administraciones como la estadounidense deben apostar por el Green IT, debería ser un compromiso real de todas las empresas tecnológicas. Velar por el medio ambiente es importante, al fin y al cabo, es la herencia que dejamos a las generaciones venideras pero, en el fondo, es una potente línea de negocio para las empresas tecnológicas que pueden absorber gran parte de la infraestructura de muchas empresas ofreciéndoles un servicio de cloud computing con el que pueden ahorrar costes de operación y de explotación, además de ahorrar energía.
Volviendo a Google, un centro de datos emplea mucha energía en el acondicionamiento del edificio (refrigeración, extracción de aire caliente, etc), por tanto, una buena ubicación (como hizo Facebook llevando su centro de datos a Oregon, es decir, una zona bastante fría) y una buena gestión de la infraestructura o la búsqueda de nuevas vías de refrigeración (por agua, aislando los pasillos calientes de los fríos, buscando arquitecturas más eficientes, etc) puede traernos también una importante reducción del consumo y, por tanto, ser algo más verdes.
Información de ALT1040. Resumen de Sophimanía
jueves, 22 de abril de 2010
La moda de "ser verde" bajo la lupa: es bueno, pero es insuficiente

Imagen: Growingagreenfamily.com
Parece que actualmente es fácil "ser verde". Demasiado fácil. Cuando vamos de compras nos rodean productos "naturales" o "amigables con el medio ambiente", desde cortinas de baño y bolsas reciclables hasta cosméticos, ropa y electrodomésticos.
Los norteamericanos parecen haber conseguido, una vez más, combinar la preocupación por el medio ambiente y el destino de la Tierra con su deporte favorito: comprar. Según una encuesta de Gallup, el 76 por ciento de estadounidenses se preocupa por comprar cosas que sean buenas para el planeta.
Es un buen esfuerzo, que va acompañado de compromisos como usar menos agua al ducharse, reciclar, caminar o ir en bicicleta en lugar de usar el carro o presionar a los políticos de turno para que saquen adelante leyes que protejan el medio ambiente.
Al mismo tiempo escuchamos noticias de cómo en algunos lugares se ha reducido la lluvia ácida o que ciertos bosques han sido protegidos o que se ha puesto en marcha leyes que luchan contra la contaminación y el calentamiento global.
Todo esto crea la impresión de que por fin, los humanos "estamos haciendo algo bueno" por nuestro planeta. Pero es una impresión que tiene sus riesgos pues nos hace sentir más seguros, cuando en realidad no lo estamos.
Sin duda comprar productos amigables con el medio ambiente y apoyar hábitos menos derrochadores es bueno, pero ojo gente: NO ES SUFICIENTE. El problema medio ambiental que como especie afrontamos es mucho más grande de lo que estas medidas pueden cambiar o mitigar.
En su libro "Lo verde va mal", la periodista Heather Rogers dice que estamos desarrollando un "medioambientalismo perezoso" que nos hace sentir mejor, pero nos distrae de la verdadera tarea pendiente: cambiar la matriz energética del planeta.
El daño que hemos hecho a la Tierra y seguimos haciendo no va a desaparecer eligiendo bolsas reciclables en el supermercado, ni repitiendo el mantra "compra verde", ni sacando la tarjeta de crédito de la billetera. Nos va a acompañar por décadas.
Hay que presionar y trabajar más para conseguir controles más significativos de las emisiones de gases con efecto invernadero. Hay que apoyar más decididamente la investigación y popularización de nuevos tipos y fuentes de energía, como la solar y la eólica. Son metas más difíciles, más incómodas y que exigen más compromiso y dinero de nuestra parte, pero son las que realmente pueden hacer un cambio.
Los norteamericanos de hoy producen 38% más basura que los norteamericanos de 1970. En un mes emiten unos 460 millones de toneladas de CO2 mientras el mundo pierde dos millones y medio de acres de bosques. Como se ve, ahora es fácil "ser verde", pero lo que sigue resultando difícil es "ser efectivo".
Resumen, adaptación y edición de un artículo de Sharon Begley publicado por Newsweek.
miércoles, 18 de marzo de 2009
El gran costo energético del agua embotellada

El hábito moderno de comprar y llevar a todas partes una botella con agua tiene severas consecuencias en el medio ambiente. Un estudio reciente hecho en Estados Unidos arroja luces sobre la enorme cantidad de energía que se requiere para fabricar las botellas, llenarlas y hacerlas llegar a los eventuales consumidores.
Las botellas con agua consumidas en Estados Unidos el 2007 requieron para fabricación y puesta en venta de 32 a 54 millones de barriles de petróleo.
Si bien esto solo representa un tres por ciento del consumo de petróleo de Estados Unidos en un año, la cifra es importante por dos aspectos: es una cifra en alza (la moda de comprar agua embotella va creciendo año a año, sobre todo en los países del Primer mundo) y fabricar las botellas requiere bastante energía "tradicional", un recurso cada vez más escaso y más ligado al cambio climático.
La energía necesaria para purificar el agua es muchísimo menor que la que se requiere para hacer, distribuir y reciclar el envase plástico que la contiene.
Los especialistas en cuidado del medio ambiente creen que es necesario reevaluar la moda del consumo de agua en botella plástica y tener en cuenta que el agua del caño no necesariamente es mala (dependiendo del país) o inferior al agua embotellada. También recomendaron usar una botella que se pueda usar varias veces y no una descartable.
Información de LiveScience. Versión, edición y traducción de Sophimanía
Artículo original y completo (en inglés) aquí
Etiquetas:
agua,
agua embotellada,
botellas,
ciencia,
consumo energético,
medio ambiente
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¿Qué es Sophimanía?
Divulgación Científica:
Impulsamos el conocimiento de temas que por coyunturas políticas, pasan a 2do plano. Creemos que solo nuestro instinto por saber, conocer, explorar, cuestionar, construir, ha permitido que nuestra especie ocupe este espacio-tiempo, y por lo que quizás permanezca.
Pensamiento Crítico:
Ver el mundo con ojos nuevos. Rebelarse contra la información estandarizada. No dejarse doblegar por el sistema, la educación pasteurizada o el circuito estético consumista imperante. Ser libre, o lo más libre posible, empezando por tu mente y tu cerebro.
Impulsamos el conocimiento de temas que por coyunturas políticas, pasan a 2do plano. Creemos que solo nuestro instinto por saber, conocer, explorar, cuestionar, construir, ha permitido que nuestra especie ocupe este espacio-tiempo, y por lo que quizás permanezca.
Pensamiento Crítico:
Ver el mundo con ojos nuevos. Rebelarse contra la información estandarizada. No dejarse doblegar por el sistema, la educación pasteurizada o el circuito estético consumista imperante. Ser libre, o lo más libre posible, empezando por tu mente y tu cerebro.

