viernes, 5 de marzo de 2010

Segerbäck y el EHS: El extraño caso del hombre alérgico a las ondas de radio

Segerbäck en su retiro blindado. ¿Loco o profeta? Foto: J. Worth

Per Segerbäck es un sueco de 54 años que vive en una reserva forestal al noreste de Estocolmo, rodeado de alces, lobos y osos, pero no de alta tecnología. ¿La razón? Sufre de electro-hipersensibilidad (EHS), un síndrome que le puede provocar vértigo, taquicardia, pérdida de la memoria, pesadillas, jaquecas, náuseas, ahogo o inconciencia con solo estar cerca de un celular que recibe o hace una llamada. Igual efecto tienen en él computadoras, televisores y micro ondas. "Siento que mi cerebro va a estallar" explica Segerbäck.

Su caso ha servido para que Suecia reconozca la EHS como una debilidad seria. Se estima que el tres por ciento de los suecos (un cuarto de millón) sufre EHS en algún grado, y cuando es diagnosticado con ella su entorno tiene que ser "esterilizado electrónicamente", es decir blindado de los campos eléctricos.

Vivimos inmersos en campos electromagnéticos, comenzando por el de la Tierra y el que emiten nuestros propios cuerpos, hasta por supuesto las redes de telecomunicaciones, los electrodomésticos y los cables de electricidad.

Sabemos que ciertos tipos de radiación, como la que usamos para las radiografías o la que resulta de una explosión nuclear, nos pueden matar rápidamente o a la larga provocarnos cánceres u otro tipo de complicaciones médicas. Pero se suponía que las radiaciones electromagnéticas que usamos en la vida diaria eran "seguras" porque normalmente son muy bajas. ¿Qué pasa entonces con personas como Segerbäck?

Algunos científicos creen que el EHS es una condición imaginaria, siquiátrica o simples errores de diagnóstico. Estudios hechos por otros médicos no han podido confirmar bajo condiciones de laboratorio que personas que se sienten afectadas por EHS respondan distinto de personas "promedio" ante campos electromagnéticos. Pero la verdad sea dicha: las personas que claman ser víctimas de EHS no están muy dispuestas a que les hagan pruebas.

Las operadoras de celulares y sus fabricantes, por supuesto, tampoco aceptan esta condición. Para ellos no solo está claro que sus productos son -dentro los límites establecidos por organismos como la FCC- seguros. Van más allá: señalan que ni siquiera se sabe mediante qué mecanismo un celular podría ser nocivo al cuerpo.

Otros científicos son más cautos e insisten en que la tecnología es demasiado nueva para estar totalmente seguros, que hay que seguir estudiando y analizando las estadísticas de cáncer cerebral y otras enfermedades en relación al uso de celulares.

Segerbäck ejerció por más de veinte años como ingeniero de telecomunicaciones para una empresa asociada a la gigante Ericsson. Vivió inmerso en radiación electromagnética y secretos militares hasta que comenzó a sentir mareos, náuseas, jaquecas, ardor y manchas rojas en su piel. Otros dos miembros de su equipo padecían síntomas similares, aunque menos intensos. El resto estaba normal.

La condición fue agravándose a medida que la tecnología celular se hacía omnipresente en toda la ciudad, lo que terminó convirtiendo a Segerbäck en un ermitaño.

Depende del modelo del celular y de la red que usemos, pero las micro ondas
pueden penetrar fácilmente nuestro cerebro. Imagen: Paul Wootton

Basándose en su caso y otros similares, Ericsson hizo un informe titulado "hipersensibilidad en el lugar de trabajo", pero en 1999 el ingeniero fue despedido y su laboratorio desmantelado. Segerbäck les entabló juicio, pero perdió la demanda ya que hasta el momento no hay forma de probar que su condición es consecuencia del tipo de trabajo que hizo para Ericsson.

La hipótesis de que los campos electromagnéticos son tóxicos sigue en discusión en la comunidad científica. Desgraciadamente hay muchos intereses y muchas perspectivas de investigación en juego, lo que hace muy difícil llegar a un veredicto. Diversos tipos de radiación, diversos usos, diversas cargas genéticas en las personas, diversas predisposiciones, diversos enfoques médicos a la hora de analizar los resultados o diseñar los experimentos.

Por un lado experimentos han demostrado que los campos electromagnéticos (en rangos que nos son cotidianos) pueden afectar la genética de las células, pero a partir de ahí no se conoce (todavía) cómo esto podría generar en cáncer u otra condición.

Del otro lado del microscopios, matemáticos analizan las estadísticas de enfermedades de las últimas décadas buscando alguna desviación que se pueda relacionar con la telefonía celular y -según el método de análisis usado- reportan que hay poco o nada de evidencia en ese sentido.

Mientras tanto, Segerbäck, una víctima para unos, un "loco" para otros, sigue viviendo en el bosque convencido -como ingeniero electrónico que es- en que es imposible diseñar un aparato tecnológico "inocuo".

El usa cocina a leña y su computadora, su teléfono fijo y sus luces las alimenta con una batería de doce voltios enterrada a 27 metros de su casa. La computadora y el teléfono están blindados. Sus vecinos saben que no deben llevar celular cuando lo van a visitar.

Segerbäck sabe que muchos tratan de desacreditarlo para desacreditar la condición supuestamente sufre, así que se esfuerza en mostrar su lado más sereno y racional. Sabe que así más personas creerán en la existencia del EHS y los estudios se continuarán realizando.

Al mismo tiempo, como ingeniero, se siente responsable del daño que puedan sufrir algunas personas por usar la tecnología que él contribuyó a desarrollar, sin estar conciente de sus potenciales efectos.

La cautela, por supuesto, señala que en la duda es mejor abstenerse. Es decir: no abusar del celular ni de la exposición a los campos electromagnéticos más allá de los estrictamente necesario y estar alerta a síntomas y enfermedades. Y no dejar que niños usen celulares a menos que sea una emergencia.

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Información de PopularScience. Versión, resumen y traducción de Sophimanía

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